2006-05-08

Relato de Bobba Fett, segunda parte.




A continuación la segunda y última parte del relato de Bobba Fett. Lo pongo por poner porque no es que haya levantado pasiones, que digamos:



La Factoría pertenecía a un dashade llamado Murducca. Y para Bobba pedir un salvoconducto para rastrear todo el complejo, no le fue difícil. La leve promesa de que no sacaría a la Factoría de su órbita –lo que supuso grandes carcajadas para el patrón por su broma privada-, y que no revelaría la posición de la Factoría le abrieron todas las puertas de la refinería espacial.
Arrebujado en su capa, Bobba Fett fue bajando niveles alejándose poco a poco de las vías principales. Los trabajadores, la mayoría esclavos o parias, jamás vieron al cazarrecompensas cruzarse con ellos envuelto en las sombras. El sector 259 era una amplia bóveda de varios kilómetros de longitud repleta de depósitos de gas. Un lugar peligroso donde el uso de un blaster es poco aconsejable. Varias docenas de droides de mantenimiento revoloteaban por la bóveda efectuando reparaciones. Los trabajadores se movían de un lado para otro manejando las inmensas máquinas de carbonización. Casi todos eran humanos, excepto algún que otro gandiano. Bobba Fett subió a una de las múltiples pasarelas que coronaba la cúspide de la bóveda y buscó a su presa. Usando el visor de su casco hizo un barrido telescópico y la localizó en una de las plataformas de carga de los depósitos de gas. El holoproyector está anticuado, pensó. La mujer ya no era la joven morena y sonriente de la imagen holográfica que le había dado el Imperio. Vetas canosas cruzaban un cabello recogido con un pañuelo. Y su rostro señalaba el paso del tiempo en una persona que ya no cumplirá los cuarenta años. Un rostro triste, conjeturó Bobba Fett mientras saltaba de la pasarela y bajaba hacia la plataforma ayudado por los reactores de su mochila. Aterrizó a pocos metros de la mujer, el blaster desenvainado. La mujer le miró fijamente. No parecía sorprendida, quizás algo hastiada. Su expresión reflejaba el descontento de alguien que tiene que realizar una tarea hecha mil veces.
– Tú también vienes a por mi – dijo la mujer mientras se secaba las manos manchadas de grasa con un trapo – Te advierto que el otro está flotando ahora mismo en el vacío.
– ¿Sabes quién soy? – preguntó el cazarrecompensas apuntando al mujer en el centro del pecho.

–Bobba Fett, creo. Tu mala fama te precede. Esta vez el Imperio ha buscado alguien de mejor categoría. Mi obligación es decirte que todavía tienes tiempo de huir. Aunque sé de sobra que contigo estoy gastando saliva.

Bobba disparó en ese instante. El fulgor rojo del láser no dio en el objetivo. Increíblemente ágil, la mujer saltó de la plataforma perdiéndose en el laberinto de estructuras metálicas varios metros más abajo. ¿Dónde demonios te has metido Bobba? Pensó mientras activaba de nuevo sus propulsores para dar alcance a la que se suponía simplemente un elemento subversivo para el Imperio.




III

E
l Basilisk era un destructor imperial impresionante, pero Bobba Fett prefería a su Esclavo. Mi cachorro no es un objetivo tan grande. En aquella inmensa nave fue llamado por el vicealmirante Gorgendius hacía varios meses para encomendarle una sencilla misión: encontrar y destruir a una mujer, Roda Gemush. Las razones poco o nada importaban. Los quince mil créditos de paga eliminaban cualquier rastro de curiosidad.

– Has sido requerido por el Imperio, cazarrecompensas. Cumple tu misión con presteza –ordenó el vicealmirante mientras acariciaba delicadamente los galones rojo y azul de su charretera –. A un perro de presa como tú no le será difícil. Nuestros informes dice que eres un… personaje envuelto en cierto halo de misterio. A mi particularmente no me gustan los tratos con los de tu calaña; pero, a veces, hay que rodearse de indeseables para conseguir algún resultado.

Bobba Fett no contestó. No era el lugar apropiado ni hubiera empleado las palabras correctas. No le gustaba el Imperio y estaba rodeado de tropas imperiales. Otros sitio con menos soldados rodeándolo y no el muelle de carga del Basilisk sería más indicado para intercambiar cumplidos con aquel vicealmirante pomposo recién ascendido. El Espacio es muy vasto, decía el dicho.
Así que cogió el holoproyector con los datos de la mujer y comenzó la cacería.




IV

U
n operario que huía estuvo a punto de chocar con Bobba Fett. Una alarma sonaba desde algún sitio, el sector 259 estaba siendo evacuado. El cazarrecompensas se paró un instante: quería escuchar. No conocía exactamente el lugar donde se encontraba y eso podía ser una desventaja muy importante. Un robot de mantenimiento revoloteó en torno suya indicándole con voz metalizada que los sensores de calor habían llegado a situación crítica y debía abandonar el recinto. Sensores de calor. Volutas de gas blanquecino empezaron a surgir de los depósitos enturbiando la vista de Bobba Fett.
Con el blaster E-11 preparado. Se adentró en la nube de gas caliente.
La alarma dejó de sonar. Apenas el sonido de sus pasos y el repiqueteo del motor de algún robot varios metros más arriba. Esto es una trampa, se dijo, al tiempo que un haz de luz verde se materializaba justo enfrente. Una especie de corriente de aire se abrió paso entre el vapor y el cazarrecompensas impactando en el pecho de éste y lanzándole varios metros hacia atrás. Deslizándose por el suelo fue a chocar con unos de los depósitos humeantes. El vapor ardiente le quemó la espalda haciéndole gruñir de dolor.
– ¡Una maldita jedi!– exclamó para sí.

Se suponía que ya no quedaba ninguno tras las guerras clon. Todos muertos cuando se instauró el Imperio. Todos muertos. Él los conocía, y bien. Fue hace mucho tiempo, cuando era niño. Y los odiaba. Mucho más que al Imperio, mucho más que a sus presas, mucho más que a sí mismo, cuando en la soledad de su nave, veía su verdadero rostro surcado de cicatrices. Un rostro escondido tras el casco que perteneció a su padre.
Antes de que pudiera ponerse en pie. Un arco de luz verde refulgió demasiado cerca para esquivarlo. Por instinto, se agachó aún más y el sable láser pasó por encima de su cabeza. Calculó y lanzó un disparo a ciegas. No podía ver a la mujer. Giró sobre si mismo y utilizando sus propulsores se alejó todo lo que pudo mientras descargaba su arma contra la nube de vapor y el depósito.
Un resplandor rojo como la nova de una enana roja le dejó ciego durante un instante. El depósito había estallado llenando su campo de visión de llamas que se elevaban hacia el cielo de la sala, impulsadas por la deflagración. El ruido de la explosión le había dañado y un pitido agudo era lo único que oía. Espero que ya estés muerta, jedi.
Los droides antiincendios empezaron a trabajar para que el incendio no se extendiera a los otros depósitos. Pronto llegaría Murducca reclamando por los destrozos. Una jedi, se repetía una y otra vez. Probablemente había escapado de alguna manera de la masacre imperial y se había escondido en esta refinería ilegal… Hasta ahora.

– Aún no te has ganado la recompensa, cabeza de lata.

Roda Gemush atacó. Bobba Fett la pudo ver saltando por encima del fuego con la espada sujeta con las dos manos. Tenía un brazo totalmente quemado, al igual que gran parte de su costado izquierdo. El pelo, ahora suelto, le bailaba por encima de la cabeza. Intentó acertarla en pleno salto pero fue imposible. La jedi rechazó todos los disparos con hábiles movimientos de su sable de luz. Aterrizó a un metro de él y lanzó una estocada directamente al pecho del cazarrecompensas. Bobba Fett notó como el metal de su coraza siseaba por el contacto con la espada. La coraza se fundió con la piel arrancándole un grito de dolor animal. Antes de que la espada penetrara en su cuerpo, logró fintar y atrapar el brazo quemado de la mujer con el suyo. Quedaron abrazados, quietos. Ella con la espada sujeta pero incapaz de blandirla. Se miraron. Ella no podía ver la cara tras el casco. Sus ojos negros llenos de odio hacia lo que ella representaba. Él sí la podía ver. Años de huidas, refugios en lugares miserables. El temor a que la encontraran, la angustia y la vergüenza por haber escapado, por no haber dado la vida por sus ideales, la pérdida del honor. Era una renegada y una cobarde. Y ahora vas a morir. Apenas oyó el sonido del láser que le atravesó el corazón. Cayó muerta, soltándose del abrazo de su asesino. Su rostro no mostraba la quietud de los muertos; quizás la angustia de los condenados.


V


E
l vicealmirante se sentía satisfecho. No sólo había localizado a la jedi renegada sino que había desmantelado una refinería ilegal que no pagaba los respectivos diezmos al Imperio. Definitivamente, había sido una excelente idea infiltrar un rastreador en la nave del cazarrecompensas. Lord Vader estará muy, muy satisfecho por mi labor, se decía mientras esperaba a que la puerta blindada del sector 259 se abriera. Murducca, el patrón de la refinería, estaba a su lado farfullando incoherencias y lloriqueando. Ya tomaría medidas pero lo más importante era recoger a su presa.

Encontró a Bobba Fett sentado en el suelo al lado del cadáver de la jedi. Parecía herido, aunque no de mucha gravedad. Al final tendría que pagarle. Lástima. La guardia imperial que le acompañaba recogió el cuerpo de la renegada y se lo llevaron en silencio. El mismo Emperador Palpatine, querría verla, supuso.

– ¡Vaya desastre! – lloriqueaba Murducca contemplando su sala de carbonización destrozada.

–No te preocupes, la Factoría no te pertenece – dijo Gergondius – Y tú, cazarrecompensas, toma lo estipulado y lárgate.

–No creo que este haya sido un trato justo –dijo Bobba Fett poniéndose en pie ¬¬– Su excelencia no me dio algún detalle que me podría haber facilitado el trabajo.

–Lo has cumplido y estás vivo. Date por satisfecho –respondió Gergondius.

–No creo que este haya sido un trato justo – repitió Bobba Fett apoyando su mano en el cinturón. Estaba furioso por haber sido engañado. No le dijeron que iba a luchar contra una jedi. Ni que habían contratado a más cazarrecompensas para la cacería. Agarró un detonador termal que pendía de su cinturón. A la menor provocación, la Factoría pasaría a ser otro montón de basura espacial más. Y poco importaba llavarse por delante a una panda de imperiales y varios cientos de esclavos. El dolor de la quemadura del pecho le estaba matando.

– Lord Vader– musitó Gergondius casi para sí –. Sería quizás una buena idea. Escucha mercenario. Lord Vader está buscando escoria como tú para que localicen a varias personas. No hace falta que te diga que aparte de la paga, es el mismo Lord Darth Vader, quien te lo ordena.

– ¿También son elementos subversivos?– preguntó Bobba Fett con sarcasmo,

– Por supuesto que sí. Siempre lo son. Márchate de nuevo a ese cubil que tiene Jabba el Hutt en Tatooine. Ya te llamaremos.

Bobba Fett soltó el detonador termal y se encaminó hacia el muelle de carga tras hacer un leve movimiento de cabeza como despedida. Nuevas perspectivas se abrían ante él. Puede que jugaran sucio esta vez. Pero la próxima ocasión sería diferente. Nunca más volverá a temer un enfrentamiento con un jedi. Ya no volverían esas pesadillas.
En la seguridad del Esclavo, se quitó la coraza y comprobó la rasgadura de varios centímetros que presentaba. Tendría que conseguir otra. Se inyectó un calmente y puso rumbo a Tatooine. Jabba iba a levantar al veda para atrapar a Han Solo; el contrabandista que había osado deshacerse de una carga perteneciente al Hutt, y él quería estar presente en esa cacería.

3 comentarios:

amigo freak dijo...

Ternin cuando cojiste la pluma y te pusiste a escribir esto me da que pensar que tenias el motor en marcha pero sin nadie al volante aunque veo que al principio te iluminas con una frase que me llama la atención "Arrebujado en su capa....".

Que conste que me apunto arrebujado en la libreta junto con retratista y otros terminos... llamamoslo "pinturescos".

Mi critica es la siguiente: El relato a pesar de bueno tiene menos accion que la puta peli de Narnia, que se llevan mas de media hora los niños para entrar en el puñetero armario (si que se volvieran geis..). En resumen un poco de mas accion y un par de jedis rebanando pescuezos hubiese creado mas espectacion entre los fans de este pecualiar cuaderno de bitacora fecha estelar... A no que eso es de star trek :D

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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