2006-08-10

Crónica de una tertulia comiquera.


El otro día hubo tertulia comiquera en mi librería habitual. Allí me encontré con un antiguo compañero de la Facultad del año de la pera. Después del típico comentario de ¿me suena tu careto? comentamos la amarga adicción al completismo.

Es que resulta que eso de ser completista es una putada. Llegas a comparar cosas que ni vas a leer por el mero hecho de no cortar una colección o dejarla inacabada. Un gran mal endémico del aficionado equiparable a las compras compulsivas o la adicción al bingo de las señoras mayores.

Más tarde, pudimos ojear los tres primeros números de Civil War, en perfecto inglés. Babas chorreando ante el evento del 2006, 2007 en España. Un gran tebeo, si señor, con un gran dibujo de Steve McNiven y unas sorpresas que harán que cambien muchas cosas en el Universo Marvel.

Después, viví, y protagonicé en parte, una de esas cosas que nos convierten en auténticos bichos raros: Llegó el hombre de la distribuidora con las novedades de Panini ¡La peña apludió a ese señor de más de cincuenta años, barriga colgona y con cara de pensar: tenéis muchos pelos en los huevos para estar enganchados a estas mariconadas! Cada uno de nosotros (los más excelso de la clientela), cogimos nuestros tebeos amorosamente, no sin comentar las Novedades: Lobezno es un truño; veréis, veréis, lo nuevo de Hulka es un puntazo, lo sobrevalorado que está Morrison y lo malo que fue liando a Emma Frost con Cíclope y matando a Jean Grey... Y como guinda, la detallada explicación de Juan, el dueño, sobre la batalla de las Termópilas a raiz de la llegada a la tienda de la sexta edición de 300.

Qué buenos momentos...

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