2007-10-14

Estilo Ikea



Hay pocas cosas que hagan que me ponga de mala leche. Una es cierto jefezuelo que tengo, y otra es ir al Ikea. Supongo que esta cadena de tiendas se idearon en alguna base secreta dentro de un volcán apagado como parte del plan mundial para idiotizar al Universo.

Me agobia, no puedo evitarlo. Caminar como un borrego por esos pasillos, esos caminos inflexibles que te llevan por la senda de las cocinas, dormitorios, salones, argggh... Como un ratón en un experimento, como el laberinto de Kovacs, vaya. Una mierda.

Claro, y de vez en cuando hay que pasarse por allí. Y ahí viene lo peor, señores. Porque lo te compras después de aprender un montón de nombres orcos y gastarte una pasta, llegamos a casa y tenemos una pedazo de cómoda llamada "Livskev" que nos ha tenido toda la mañana del domingo con el cuarto lleno de maderos cual crucifixión romana.

Síntomas: Sudoración extrema, exhibición erótico festiva de la raja de mi pedazo de culo, cagarse en los muertos de lo que sea... En definitiva, mi mujer es la que ha hecho todo, prácticamente, porque lleva en la sangre algún tipo de ancestros carpinteros. Yo, de maestro de obra sujetando tablones.

La cómoda, bien gracias, ahora ¡Juro que ja-más vol-ve-ré a Ikea! (Hasta que me lo diga mi mujer)

11 comentarios:

Gloria dijo...

Uuuy... Volverás, volverás!

Estos suecos són muy pérfidos y han ideado maquiavélicos sistemas para que la gente se sienta impelida a comprarse los muebles allá. Tu empiezas probando los mini-frankfurts a veinte duros o el zumillo de arándanos y estás perdido.

Yo, lo confieso, ya soy adicta

Osukaru dijo...

Al IKEA no volverás (de momento), pero al menos esta experiencia ha servido para que vuelvas a escribir en el blog. Como se suele decir, no hay mal que por bien no venga, jejeje...

"...después de aprender un montón de nombres orcos." Jajajajajajaja!

Jose Alvaro dijo...

Te secundo, amigo ternín. Ikea es el anticristo. Sólo lo he pisado un par de veces y aún no he comprado nada. Pero todo llegará...
Arácnidos saludos.

Milgrom dijo...

¿Qué demonios les pasa a las mujeres con Ikea? ¿Qué especie de mensaje subliminal lanzan los publicistas para que las mujeres se van impelidas a arrastrar a sus parejas a ese centro un sábado por la mañana? Aaaarg

Merrick dijo...

Está claro que toda la repulsión que nos produce IKEA al fenotipo XY se convierte en adicción para el XX.

Los genes mandan!

Gloria dijo...

Pues algo de eso debe haber... por que yo necesito meterme una dosis de IKEA de tanto en tanto... Ni que sea para llevarme a casa unos archivadores Flyt.

Tal vez hay un algo subliminal plantado en nuestras mentes infantiles por los pérfidos suecos que nos hace volver una y otra vez... Tal vez el recuerdo de Pippi Langstrumpf?

BELDARIN dijo...

Yo cuando entre por primera vez me parecia el laverinto del fauno. Y al final pensaba que el puesto de perritos era la recompensa. Pero si pagando que cabrones.

Ternin dijo...

No creo que el invento de Ikea afecte más a mujeres que a hombres. La verdad, es que pensándolo bien, aún no conozco a nadie que le mole de verdad ir por allí. La mayoría vamos por necesidad.

Mar dijo...

Pues a mi sí que me gusta. Me remuerde la conciencia, debido a un documental que ví en el que tenían a la gente medio exclavizada para mantener sus precios... pero me encantan las chuminadas y lo colocadito que parece todo: para mi el problema es llegar, que odio conducir.

Besitos

Conner Kent dijo...

tarde o tempranos todos volvemos...bueno, a mís es que me gusta, ojalá lo tuviera más cerquita, mola darse una vuelta por allí de vez en cuando, claro,s in comprar nada jajajaaj ;)

Oneyros dijo...

IKEA ES COMO SUNNYDALE O SMALLVILLE PROVOCA COMPORTAMIENTO DIABOLICOS Y MALVADOS A LA GENTE QUE PISA SU SUELO!!!
eso si, las galletas estan de miedo