2010-03-16

Ojo de Halcón más malo que la quina




Si uno entra al trapo con este Reino Oscuro donde los malos son muy buenos ¿o era al revés? y todo es chungo, desagradable y molón, puede encontrarse con tebeos que sin trascender en el noveno arte, puede resultar entretenidos. Tranquilos, este no es el caso.

Cogí esta miniserie con muchas ganas puesto que me hice fanfatal de Andy Diggle tras gozarlo con Los Perdedores y su Hellblazer. Y mira que en los Thunderbolts empezó muy bien para hundirse en un lodazal, pero yo pagaba dinero por sus tebeos. Y ahí estaba yo, retratándome en la librería y pillando las dos grapas que recopilan la mini de cinco números dedicada al Ojo de Halcón/Bullseye de los Vengadores Oscuros.

Sería muy largo e ingrato entrar en los porqués del origen y éxito de los Dark Avengers. Hace años, plantearse la hipótesis de un grupo de esas características huebiera despertado urticaria para los marvelitas de pro. Pero como la maquinaria debe funcionar aunque nada sepamos de la dirección, pues eso, pues vale... Ahora, para la opinión pública, Ojo de Halcón es un héroe aunque el disfraz lo lleve el bueno de Lester, aliar Bullseye. Hijo de puta donde los haya y que, en uno de los aciertos de la miniserie, en ningún momento hace lo contrario de lo que se le espera. Sigue siendo un monstruo pero con arco y flechas.

Acierto argumental aparte, la mini se centra en las peripecias de "Ojo de Halcón" como supuesto héroe, los intentos de Norman Osborn por tapar sus mierdas y una trama, donde flojea, paternofilial que va perdiendo interés a medida que pasan las páginas. Una oportunidad perdida para, para... Na, para nada, porque el tebeo es coherente, no pretende contar más que un "tie in" de relleno que atrerá a los compradores del evento "Reinada Oscuro" más que a los lectores como yo que pretendían sacar algo bueno de un escritor que ofrece menos de lo que me tiene acostumbrado.

La parte gráfica la lleva un Tom Raney que ha mejorado mucho desde que lo descubrí en su anatómicamente incorrecta Outsiders de Judd Winnick y aquí sin lucirse, cumple como un valiente.

Irrelevante.

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