2010-07-02

Lecturas: El gusto del cloro




El gusto del cloro es un tebeo alejado de mis lecturas habituales. Un álbum con una historia minimalista y con una estética años luz del género que más piso: el superheroico. Con esta premisa inicial, acogí la lectura de este tebeo con reticencia y la frente arrugada. Cosas de un paladar hecho, no se me vaya a molestar el sector gafapasta de los habituales al blog.

La historia es sencilla. Un joven tiene que tomar clases de natación por prescripción médica. Un coñazo ya que se ve minusvalorado y fuera de su ambiente. A partir de ahí, el autor, Bastien Vives relata una historia de flirteo acuático, amor con gorro de nadar, que se crea y se cría de miércoles ¿o era martes? A miércoles. Entre brazada y brazada nuestro protagonista conoce a una chica, consumada nadadora, que le va robando el pensamiento como quien no quiere la cosa. Una historia excelentemente contada (excelente el momento en que pasan varias sesiones y la chica no aparece) y con un final más o menos abierto. Como la vida misma.

El dibujo me sorprendió por su trazo sencillo pero muy expresivo. Reconozco que no termino de comulgar con estilos de dibujo que se salen de lo acostumbrado. Qué queréis que os diga, pero no me desagradó. Pero vamos, entre nosotros y sin que nos escuche nadie: Es un cómic bueno, muy bueno, por el simple hecho de hacerte reflexionar y ser como una flecha que acierta en la diana. Un ejemplo de cómo contarnos algo. Pero... pelín pretencioso me pareció todo. Me gustaría explicaros detalladamente lo que he escrito pero lo que es una simple anécdota, algo que le puede pasar a cualquiera se convierte en páginas y páginas de flirteo natatorio. Quizás es cosa mía y estoy bajando del pedestal a una master piece del mundo comiquero...

Ahora, recomendable al máximo para paladares más acostumbrados y para quienes disfruten del vouyerismo de los amores ajenos.


2 comentarios:

Frame dijo...

SA mí no me emocionan mucho este tipo de historias. La lees y dices, vale, es verdad, no está mal, pero...
De todos modos, realmente eso es lo que ocurre en una piscina, das una vuelta, das otra, te paras, te tocas una oreja, te entra agua en las gafas, intentas no tropezar con el de al lado, lo miras, en mi caso empiezas a mosquearte cuando te adelanta por vigésima vez, paras al final de la calle, piensas en el trabajo, te olvidas de lo que has pensado...
Eso es lo que hay en la piscina.

Cuaderno Célinegrado. dijo...

A mí me interesa. ¡Arriba el cine aburrido, arriba la lentitud, fuera la peripecia! Me 'le' compro, sin duda, con sus más y sus menos. Gracias.

*además, no habrás podido evitar acordarte de aquellos días de natación en bermudas no reglamentarias (yo creo que caían en miércoles y rondaban el 1991).