
Me comentaba Ignacio, el amigo que me ha recomendado esta obra, que Barrio Lejano se lee mejor con el bagaje de los años vividos. Y es cierto. Pero me voy a saltar esta reflexión y voy a escribir una palabra poco diche y menos escrita: sensibilidad. Taniguchi es un mangaka que ha supuesto una auténtica revolución para mi. Un efecto que quiero compartir en esta reseña y que convierte este tebeo en uno de los mejores que he leído en mi vida.
Hiroshi Nakahara es un señor de 48 años que un día, sin apenas darse cuenta y por error, vuelve al pueblo donde se crió y aprovecha esta circunstancia para visitar la tumba de su madre (que murió con la misma edad que tiene él). Mientras reza en el cementerio algo ocurre y se ve transportado al pasado. Hiroshi vuelve a tener 14 años, conserva todas sus vivencias y recuerdos y tiene toda la vida por delante...
Esta premisa ha sido usada por la literatura y el cine en infinidad de ocasiones, casi siempre en clave de comedia más o menos afortunada. En este casos, el humor se ve relegado por esa mágica palabra: sensibilidad. No cursilada. La fantasía deja paso al intimismo. Hiroshi, vuelve al pasado zambulléndose en la nostalgia. Los recuerdos de ese momento dorado y en ocasiones doloroso que es la adolescencia pasan de ser confusos e idealizados a ser vividos de nuevo. Desde una perspectiva adulta, esos primeros pasos hacia el mundo adulto son diferentes: Aquella chica mona de la que uno está colgado, los amigotes, la madre que vuelve a tener rostro, voz, vida, el vigor perdido y recuperado. Una segunda oportunidad.
Con tono pausado y dejando respirar al lector con la lectura Taniguchi (por cierto estoy deseando hincarle el piño a "El Almanaque de mi padre") esboza un viaje compartido hacia ese mundo perdido y añorado que es el tiempo pasado.
Una gozada.