2011-08-29

Bruc, el niño del tambor.




¿Cuántas pelis nos habemos tragado donde el protagonista se llama Johnny, los malos son pérfidos ingleses franceses o alemanes que vienen a perturbar a nuestro héroe de lejanas y milsonadas tierras anglosajonas. Con qué agrado las vemos e incoporamos a nuestro ideario cinéfilo. Cuánta pseudohistoria hemos aprendido de manos de gente como Ford, Gibson o Emmerich... Y resulta que nosotros tenemos historias que contar: igual de mal o de bien.

Porque Bruc, el Desafío. Es un peli de acción, donde el prota se llama Juan y la acción transcurre en la impresionante Sierra de Montserrat. Aquí los malos son los franceses, oiga, que algunas cosas no se tienen que cambiar. Pero antes de proseguir, dígase una cosa de Bruc: Tiene Dignidad.

La historia toma como puerta de entrada la Batalla del Bruc, y la participación en la misma de nuestro amigo Juan que gracias a un tambor y a la montaña les da hasta por el mismísimo al ejército francés que por aquella época del 1808 tenía cogidas por las pelotas a media Europa. Como esta gente se toma muy mal las derrotas, manda un grupo de asesinos (que parecen escapados de un tebeo, cosas que me mola bastante) a que capturan al pobrecito Juan que en lo único que piensa es en cepillarse a su novia (la mona e increiblemente limpia Gloria) en una cueva que tiene diseñada ad hoc. El jefe de los sicarios es un capitán francés que tiene mucha presencia pero unos diálogos cortitos con sifón. Ah, y sale Santi Millán en la terna por si a alguien le pudiera interesar.

Entonces la peli se convierte en una de "caza al hombre" con su presa convirtiéndose en cazados, sus secuencias de acción bien rodadas y resultonas, con su momento "Depredador", con fardadas, tiros imposibles y proezas gimnásticas que Juan José Ballesta, el prota aka Juan, cumple de forma resultona.

Una peli entretenida, bien hecha (cosa es que de agradecer después de ver como la mayoría de proyectos de época tienen la misma fotografía que cualquier episodio de Los Serrano), con afán de divertir pero que cae en clichés mil veces vistos. Aunque me parece que al director Daniel Benmayor (paintball) le daba lo mismo innovar en un género que en España no es que tenga muchos estandartes que digamos.

Recomendable, por digna y entretenida.

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