2012-02-14

Hell on Wheels


Desenfunda, forastero


Sentarse en el trono de Deadwood es una tarea demasiado pesada. Una serie de culto, inacabada y camino a seguir para muchas otras producciones, tiene muchos elementos para ser LA SERIE ambientada en el Viejo Oeste por antonomasia. Han pasado los años y el trono esta ahí, dispuesto a ser tomado por un valiente o valientes capaces de atrapar a la audiencia con una premisa potente y competente. Incluso aquí se ha intentado con éxito de público con ese western extremeño que es Tierra de Lobos. Pero el hueco sigue vacío señores, y la sombra de Al Swearengen es demasiado alargada. Llega el 2011 y llega montado en un corcel roñoso la nueva esperanza blanca para todos aquellos que esperamos una serie westerno como Dios manda. Hell on Wheels.

Ver el primer capítulo de esta serie es el equivalente a ver el piloto de Espartaco. Un bluff en toda regla que tiene todos los tópicos y que equivale a un capítulo de la Doctora Quinn pero con más mugre. Nada, otra serie más que se hunde en el olvido y a otra cosa. El mercado está muy chungo y el tiempo es escaso... Pero como pasó con la sorpresa brutal del año pasado, y volvemos a nuestro aguerrido e hiperhemoblinítico amigo tracio, le di una oportunidad a Hell on Wheels echándome al coleto el segundo episodio.




Edulcorado y cristiano Far West


Si Deadwood es un dramón donde el mimo por los diálogos y los personajes es su principal baza, en Hell on Wheels esto pasa a un segundo plano y se queda en un quiero y no puedo donde pierde su supuesto villano, el señor Durant, el malo porque tiene dinero y ambición de la historia y cuyos soliloquios nos los diría el gran Swearengen ni dormido. Esto es otra cosa: es entretenimientos costroso, rápido y sin pensar, son personajes tipicos y mil veces vistos:el indio bueno, el indio malo, el secuaz chungo, el negro liberado y mosca... Nada nuevo bajo el sol.




Tranquilo, Al, tú siempre serás el rey





Un historia de venganza durante la construcción del ferrocaril que une el Atlántico con el Pacífico después de la Guerra Civil americana, protagonizada por uno de esos antíhéroes de manual que tanto abundan en el mundo de ficción y que carece de ese carisma, ese puntito que tienen gente como Vic MacKay de The Shield. Cara de palo, señores, carita de palo, revólver presto, barba canosa y mirada de haber visto mucha mierda. Ese nos ofrece el exconfederado Bohannan con su interpretación cortita con sifón. Mucho Daniel Day Lewis ha visto este hombre sin aprender nada de el. La ira contenida le pone cara de cagar duro y poco más. No es mi héroe, no es mi protagonista, pero sin embargo la serie funciona.

Funciona sí, como un tren (olé, hoy estoy fino) sin control pero cuyos bandazos molan tanto, salpican tanto barro y están llenos de tanto humo de pólvora que gusta ver el espectáculo. Un exitazo de audiencia en los USA, y segunda temporada garantizada. Un producto a años luz de cosas como Terranova o ese timo (y van) de Alcatraz. Algo potente que meterte en la boca cuando se tiene hambre. Como un bocata de salchichón. No será una delicatessen, pero mira, gusta.

3 comentarios:

La gata con gafas dijo...

Pues con lo de Dra Quinn da un poco para atras. A mi Deadwood me gusto, aunque no me resultó del todo satisfactoria. Eso si Al Swearengen es insuperable

Ternin dijo...

Pero merece darle una oportunidad.

lokodatar dijo...

No había visto esta entrada...¡¡¡¡ Como me has dicho antes algo me lo he intuido.
Coincido, hasta en lo de la puta timada de Alcatraz o la gaseosa abierta tras unos días que es Terranova, sin fuerza de sifón xdxdxd
Saludetes.