2012-01-21

Drive




Drive llegó a mí después de un efecto hype verdaderamente brutal. La tienes que ver, la tienes que ver, decían las webs, los amiguetes, la propia marea del viento... Tío, tienes que ver Drive. Yo, ante ese tipo de expectativas cierro lo puños, frunzo las cejas y me siento a verla con el cuchillo entre los dientes. Sí, ¿qué pasa? Soy así.

Drive es la mejor peli que llevo vista este año. Vale, estamos a día... 21 de enero. Vale, pero es la mejor. Y muy bien se tiene que poner el 2012 para que no siga siéndolo a 31 de diciembre. No me he mojado en los pantalones viéndola ni nada de eso pero es comento:

Ryan Gosling es un tipo sin nombre, un conductor, un tópico, un arquetipo de género con una cazadora molona, un palillo entre los dientes y una cara con la expresividad de una lápida. Un ser puro noir que se pasea por las eléctricas calles de Los Angeles ganándose la vida como especialista de coche o chófer de atracos. El tipo conoce a una chica que es una perita en dulce; si fuera más encantadora sudaría canela. Una monada de sonrisa dulce y una vida difícil. La historia de siempre. Una de las mejores.

Drive cuenta eso. Una historia de amor envuelta en un relato negro con personajes tan arquetípicos como sus protagonistas. Piezas, peones, que bordean la serie B y construyen una película con alma propia. Con pellizco. Con encanto. Una de esas pelis que se recuerdan y que nacen con un no sé qué que las hace especiales.

Su director, Nicolas Winding Fejn tiene los santos bemoles de crear a un monstruo de frankenstein usando piezas ajenas de Mann, Friedkin, Hill, y lo hace sabiendo que el guión es el que es y la única manera de no pergeñar una de tantas es darle alma al asunto. Planos eternizados, composiciones estilosos, tono perfecto. Frío y teatralidad. Las escenas violentas son violentas, descarnadas, rápidas y expeditivias. Los momentos de emoción están trabajados y gracias a los actores vemos química (esa cosa tan compleja).

Personajes planos que evocan mil matices. El conductor no tiene pasado, no lo necesita. Hace lo que hace porque es como el escorpión de su chaqueta. No necesita cacarear. Sabe como son las cosas y las acepta, reacciona a los impulsos como aplastarle la cabeza a alguien después de un beso apasionado.

¿Es Drive una obra maestra? No lo sé. Solo sé que a mi me ha llegado. Y punto.

2012-01-11

Hijos de los hombres



Empieza uno el año con muchos propósitos y uno de ellos es ver películas en condiciones para garantizar que uno no pierde el poco tiempo que se tiene con mierdas de esas que no son ni divertidos. Decir que he empezado el año viendo Scream 4, así que de lo dicho ná de ná.

Pero esa es otra historia y hoy me gustaría pasar por mi casi ruinoso blog para comentar una películo de esas que en el listado de buenas películas tiene que estar de las primeritas: Hijos de los Hombres.

Estrenada hace uno añitos, ha pasado desapercibida para la gran masa espectadora. Que sí, que es de culto y que es muy valorada en algunos círculos... Para mí está en el top ten de las mejores pelis de ciencia ficción desde los primeros minutos de visionado.

Hijos de los Hombres comienza con la premisa más jodidamente desesperanzadora que te puedes encontrar. En el año 2027 muere la persona más joven del planeta. ¿La más joven? Sí. Desde el 2009 no se ha producido ningún nacimiento en la tierra. Así, sin más. Ni aliens, ni robots, ni el mismísimo satanás... No más nacimientos. No más risas de niños, no más ilusión. El concepto de herencia, de legado, se pierde en un sociedad vacía y consciente de que tras su paso por la tierra no habrá nada más. Ríete tú de los zombis. Este premisa sí que da miedo.

Alfono Cuarón pinta el cuadro con los grises y el barro de un panorama donde Theo (un Clive Owen inmenso) se ve empujado a un viaje donde debe custodiar la que puede ser la única esperanza para la humanidad.

Lo que podría desembocar fácilmente en una bukkake de tiros y explosiones (horrorícense ante Babylon A.D.) se convierte en una obra maestra de lo cotidiano, lo real, lo plausible. En Hijos de los Hombres todo transcurre con el factor sorpresa a flor de piel. Los personajes actúan como deben y les ocurren cosas sin que la maquinaria narrativa chirríe. Esta peli tiene escenas, secuencias antológicas que van más allás de la ya famosa toma de veinte minutos cámara en mano (que es brutal). Hay momentos de auténtico pellizo, señoras y señores.




La he recomendado hasta la pesadez. Pero es una de esas pelis que debería verse por lo menos una vez en la vida. Reivindicable porque va más allá de un género que solo se usa como vehículo para contar una historia.

Obra maestra, de verdad.