2012-02-18

Perseguido.




Resulta curioso revisionar esta película con cierta ilusión y salir torpedeado ante semejante boñiga que en sus momentos adoré con todo mi corazón de preadolescente ochentero. Porque, señores, en su momento Perseguido de Schwarzenegger molaba un huevo y la yema del otro.

Perseguido o The Running Men en los USA está licenciosamente basado en una novela de Richard Bachman, pseudónimo de antisaturación de nuestro adorado escritor de Maine: Stephen King. Digo lo de libremente, porque si la premisa es más o menos similar, el desarrollo de la historia y del personaje principal, Ben Richards van cada uno por su lado y si te he visto no me acuerdo.

Alejándome de la novela (recomendable, por cierto), Perseguido es un film de los ochenta. De los ochenta en su máxima expresión. Lo tiene todo, todo lo que marcó el género de acción en esos años. Es brutal ver esta peli con los ojos del siglo XXI y comparlo con esos años Reagan total. Estamos en la época de la épica muscular. Nuestros héroes brillan con el aceite de sus biceps lustrosos por el esfuerzo desnucando enemigos y soltando frases lapidarias ¡qué digo lapidarias, sentencias!




¿Te enteras? Vamos a por tiiií



Perseguido nos cuenta el cruento avatar de Ben Richards, un ciudadano ejemplar del futuro. Hace lo que le mandan, se ejercita en el gimnasio pero un día que le coge tonto, no quiere aniquilar a unos manifestantes ochenteros que claman por sus derechos desposeídos. The past is now, y si no pregúntenle a los amigos indignados. Total, que este hombre, esta roca, al que no le ha salido de las pelotas cumplir como un genocida obediente, le montan una conspiración en los medios que te cagas y lo convierten en el enemigo público number one. ¿Y quién le pone en la palestra? El Sistema ochentero, aquí personificado por el malvadísimo Killian, el presentador y artífice de "El Corredor": el programa de televisión, el soma, que tiene agilipollada a toda la población de los USA de ese ya cercano año 2019.


Camel, camel toeee


Richards, acompañado por una María Conchita Alonso muy preocupada porque no se le noten los pezones en ese mono amarillo que les obligan a llevar en el concurso, ¡ah! y varios concursantes más que son carne de cañón, son obligados a luchar/correr por sus vidas en un circuito postindustrial, perseguidos por unos cazadores/villanos que ríete tú de los Merodeadores de los X Men de Claremont.

Pero, pronto, Richards se huele el percal, y se propone dar la vuelta al concurso. El corredor, el perseguido, la presa dócil y presta a servir su sangre en bandeja, se revuelve brusca y enseña los dientes. The Running Man se cabrea y entonces, se caga la perra.




Sabuesos con lucecitas


Si no teníamos suficiente con este cóctel de testosterona, nos meten con calzador una subtrama "rebeldes ochenteros" contra el Sistema que incluye en el mismo pack una base secreta en el corazón del mismo plató industrial, un caudillo vejete que no sé qué coño estaba esperando para petarlo todo y un grupillo de rebeldes con boína a lo Ché Guevara que en esos momentos vestían mucho.

Años Ochenta, señores. Trama cero, personajes planos, mucho sudor, mucha sangre y poco seso. Aquello que ahora se alaba, se busca, se pretende renacer, debería ser matizado después del visionado de cositas como esta. Hace daño, ver los recuerdos sodimizados por unas frasecitas y unas poses que han envejecido tanto. Se disfruta como aquellas fotos donde uno sale de pequeño con la raya al lado y el chándal lleno de rodilleras y coderas. Color desvaído y mitificación de un cine que gracias a Dios hemos superado.




¡Con estos no puede Arnold!



Miscelánea:

Tipos como Chritopher Reeve o Dolph Lundgren optaron por el papel.

El director es Paul Michael Glaser, el moreno de Starsky y Hutch

El guionista es el infame guionista Steven D. Souza pergeñador de la peli de Streer Fighter

Os dejo con el trailer parque que podáis catar el género:



2012-02-15

Big culo Day


Magna tradición, magna y digna de celebración. ¿Qué sería de este mundo sin un día, un mísero día dedicado a esa parte de la anatomía tan castigada, tan "tabuizada" y tan adorada por otros...
¡Qué vivamos mil años más de culos grandes!

2012-02-14

Hell on Wheels


Desenfunda, forastero


Sentarse en el trono de Deadwood es una tarea demasiado pesada. Una serie de culto, inacabada y camino a seguir para muchas otras producciones, tiene muchos elementos para ser LA SERIE ambientada en el Viejo Oeste por antonomasia. Han pasado los años y el trono esta ahí, dispuesto a ser tomado por un valiente o valientes capaces de atrapar a la audiencia con una premisa potente y competente. Incluso aquí se ha intentado con éxito de público con ese western extremeño que es Tierra de Lobos. Pero el hueco sigue vacío señores, y la sombra de Al Swearengen es demasiado alargada. Llega el 2011 y llega montado en un corcel roñoso la nueva esperanza blanca para todos aquellos que esperamos una serie westerno como Dios manda. Hell on Wheels.

Ver el primer capítulo de esta serie es el equivalente a ver el piloto de Espartaco. Un bluff en toda regla que tiene todos los tópicos y que equivale a un capítulo de la Doctora Quinn pero con más mugre. Nada, otra serie más que se hunde en el olvido y a otra cosa. El mercado está muy chungo y el tiempo es escaso... Pero como pasó con la sorpresa brutal del año pasado, y volvemos a nuestro aguerrido e hiperhemoblinítico amigo tracio, le di una oportunidad a Hell on Wheels echándome al coleto el segundo episodio.




Edulcorado y cristiano Far West


Si Deadwood es un dramón donde el mimo por los diálogos y los personajes es su principal baza, en Hell on Wheels esto pasa a un segundo plano y se queda en un quiero y no puedo donde pierde su supuesto villano, el señor Durant, el malo porque tiene dinero y ambición de la historia y cuyos soliloquios nos los diría el gran Swearengen ni dormido. Esto es otra cosa: es entretenimientos costroso, rápido y sin pensar, son personajes tipicos y mil veces vistos:el indio bueno, el indio malo, el secuaz chungo, el negro liberado y mosca... Nada nuevo bajo el sol.




Tranquilo, Al, tú siempre serás el rey





Un historia de venganza durante la construcción del ferrocaril que une el Atlántico con el Pacífico después de la Guerra Civil americana, protagonizada por uno de esos antíhéroes de manual que tanto abundan en el mundo de ficción y que carece de ese carisma, ese puntito que tienen gente como Vic MacKay de The Shield. Cara de palo, señores, carita de palo, revólver presto, barba canosa y mirada de haber visto mucha mierda. Ese nos ofrece el exconfederado Bohannan con su interpretación cortita con sifón. Mucho Daniel Day Lewis ha visto este hombre sin aprender nada de el. La ira contenida le pone cara de cagar duro y poco más. No es mi héroe, no es mi protagonista, pero sin embargo la serie funciona.

Funciona sí, como un tren (olé, hoy estoy fino) sin control pero cuyos bandazos molan tanto, salpican tanto barro y están llenos de tanto humo de pólvora que gusta ver el espectáculo. Un exitazo de audiencia en los USA, y segunda temporada garantizada. Un producto a años luz de cosas como Terranova o ese timo (y van) de Alcatraz. Algo potente que meterte en la boca cuando se tiene hambre. Como un bocata de salchichón. No será una delicatessen, pero mira, gusta.