2013-10-20

Superman año cero.



El último habitante de un mundo moribundo llega a la tierra en una nave espacial en la forma de un bebé normal y corriente. Es criado por un par de granjeros en el corazón de los Estados Unidos. Pastel de manzana, banderas y partidos de beísbol. El chico crece ocultando sus poderes, que van más allá de lo imaginable, hasta que si Destino Manifiesto se desvela y tiene que revelar su naturaleza al mundo. Él ha llegado a la tierra para hacer el bien, tal como le enseñaron. Es más, es la idea del bien personificado. Poderoso, magnánimo, noble, caballeroso y justo. 
Viste de rojo y azul y tiene un emblema que se conoce en el mundo entero. Es un mito nacido a través de otros mitos. Una proeza perpetrada en los años treinta y magnificada por el comic, la radio, la tele, el cine, la animación, los videojuegos y la cultura pop durante generaciones...
Y en 2013 llega una nueva versión del mito. ¿Y se puede pretender que me desligue de mi propia percepción sobre el mito para poder digerir mejor la película? Lo siento pero no puedo.

Es jodido hacer una adaptación novedosa de Superman sin transitar caminos pisados por otros con mayor o menor fortuna. Brian Singer quiso mimetizar el legado de Donner y le salió un producto tan fallido como referencial y mitómano en sí mismo.
¿Smallville? Vale.

El trío Goyer, Snyder y Nolan lo intentan a la deriva del éxito de Batman. La Warner juega sobre seguro y quiere repetir éxito jugando sobre seguro. Los fans aplaudimos la decisión por lógica, y esperamos más movimientos. El primer acierto es su protagonista: Henry Cavill. El chaval ES Superman en cuanto a percha, mandíbula, músculos y mirada. Viste el traje con comodidad y da gusto verle encarnar al superhéroe.

El casting sigue molando con Russell Crowe, Michael Shannon (rostro Kyrbiano y ganas de ofrecer un villano con enjundia), Kevin Costner como Pa Kent y Diane Lane como Ma Kent. Amy Adams hace de una Lois Lane que intenta rezuma carácter en cada línea de diálogo, intentando tener química aunque no la haya. Haciendo lo posible, imposible.

Porque no se puede hacer mejor silla con estos mimbres. Y el mimbre es de segunda: el guión. Sí. Técnicamente "El Hombre de Acero" es soberbia. Ofrece un espectáculo bestial y se nota la cuidad producción. Superman hace de Superman con una energia y un despliegue brutal. Increible. Excelso. Pero el guión, a mi entender, carece del punto más importante para lograr enganchar: conectar con el espectador. O al menos, conmigo que da la casulidad que es quién escribe esta reseña.
Superman es un ser atormentado, casi divino, apesadumbrado, castrado por el temor de su padre terrícola. Vagabundea, timorato, por el mundo en busca de su origen. Hasta que encuentra, como comenté más arriba, su destino y su amenaza. Su némesis y la razón para descubrirse frente a los humanos.
Mola, debería molar. Es la historia de siempre. Contada un millón de veces. Pero es fría, triste, intensa hasta el ridículo. Todo el mundo tiene un terrible dolor de cabeza. Coño, Supes no es la alegría de la huerta, pero apenas está tan meditabundo, tan solo, tan serio...
Lois Lane, su interés romántico, siempre está allí por casualidad o por necesidad, metida en la trama a zapatazos, para cumplir con el canon. No hay química; no da tiempo a que se dé.
La trama es meritoriamente novedosa. Flashbacks, elipsis, saltos temporales, que sirven para no darnos el relato lineal de siempre. Porque claro, a esto hay que darle una vuelta de tuerca, un revuelo, que se note que estamos dando una NUEVA visión de Superman. ¡Eh, eh!
Superman vive en un mundo que sólo sirve para ser destruido. Toneladas de acción, de devastación, de millares de muertos que mueren como hormiguitas pisoteadas por titanes. Smallville, a tomar por saco; Metropolis, más. Claro, es la primera misión de Superman y no controla el tema. Porque es Superman, no Clark Kent. Kent yace olvidado tras la bota de Pa Kent, que aquí ejerce el papel de malvado moral de la historia. Miedo, pavor, charlas con los dientes prietos: "Niño no, no te muestres, que el mundo te teme, que no están preparados, que la van a liar parda. Fíjate, niño y grabátelo bien tras esos ojos azules, que soy capaz de tener una muerte ridícula con tal de que no ayudes a la humanidad. Y mira que te avisé de que, a lo mejor, interesaba que tus colegas del cole murieran que aquel accidente de autobús. Haz caso a tu viejo y pásame una cerveza..."
No, no me puedo desligar de mi visión de Superman que he vivido durante mis años de lector y aficionado. No. No creo que decir que no debo comparar para disfrutar de esta peli sea justo.
Al hombre de Acero le queda grande el legado. Por querer molar, por querer ofrecer una versión "adulta", "oscura", "creíble" de un personaje que pide "sense of wonder" y aventuras más grandes que la vida misma. Pero claro, se olvidan de Clark y nos dan Superman. Y es justo al revés.
¿Un truño? Ni de lejos. Es entretenida y se deja ver, pero para este viaje no hacían falta unas alforjas tan pretenciosas.