2013-11-18

Lobezno: Inmortal



Vista la segunda incursión en la taquilla de Lobezno en solitario, me deja con un sabor agridulce. Casi dos horas que se ven sin que te de un ataque al corazón, plácidamente, sin asombrar y sin repeler. Es Lobezno Inmortal una versión softepic de lo que nos ofrece el género últimamente. Obras como la trilogía de Batman/Nolan o Man of Steel tiran a sofocar con grandilocuencia y artificio. Éste Lobezno es el pariente pobre del género. Un producto que va de baratito para intentar ganarse el corazón del aficionado. Un intento loable que se queda a medio gas porque al final tiene que arrodillarse ante su propia esencia y darnos una gran porción de lo que lleva huyendo durante gran parte del metraje: Mutantes.

Lobezno (Hugh Jackman más ciclado que nunca y que sabe hacer el personaje hasta dormido) está traumatizado por haberle dado matarile a Jean Grey en X-Men 3. Vive en la montaña, no se lava, escucha la COPE y se ha hecho amigo de un oso. Hasta que el Sol Naciente le llama. Él es un soldado ¿? que ha jurado no derramar más sangre, hasta que se mete en un sofrito de familia que le obliga a: A) Buscarse la vida como Orzowwi con el poder curativo bajo mínimos B) Pincharse a la japonesa guapita y C) Hacer lo que mejor sabe... repartir estopa.

Adaptando según le da Lobezno: Honor, James Mangold se emperra en ofrecer un thriller negro, de tintes crepusculares pese a toda la idiosincracia del personaje. Y la peli, con ese tono, aguanta bien, hasta que todo se desmadra a base de Mechas de Adamantium, villanas metidas con calzador y sin el mínimo de carisma y vueltas de guión que se huelen desde el prólogo.

Formalmente agradable, Lobezno Inmortal busca la redención del espectador por la primera película y avecina más secuelas mutantes para que la FOX no pierda los derechos de la franquicia. 

¿Merece la pena una tercera de Lobezno?