2013-02-20

Menos joven.







 Sinopsis de la editorial:

Menos joven es una fantasía severa, una novela cruel —casi pensada para ser leída en voz alta por un tenor heroico—en la que el locutor de un programa infantil radiofónico llamado El peinado de Calígula narra los progresos de su concursante, Bogdano. Éste, a lomos de su caballo, debe buscar, encontrar y someter a una charla de devastación a sus ídolos. Deporte y castigo transcurren «más en palabra que en acto», retransmitidos por el locutor, que cabalga incansable tras el protagonista en compañía de una audiencia de niños que asiste al concurso en directo.
El extravagante discurrir de Bogdano es el resultado de la educación híbrida que su padre le proporcionó de pequeño, y que consistió en darle a leer toda una biblioteca de libros vulgares retapados con cubiertas de las grandes obras de genios de la literatura. «¿Se ha fortalecido su carácter gracias a la ignorancia? Es muy posible.» El problema es, resumiendo, que para él Dickens bien podría ser el autor de la saga de Kunta Kinte; y Antonin Artaud, un actor norteamericano de thrillers de serie B.
Menos joven, segundo libro de Rubén Martín Giráldez, es una carrera desquiciada, una horse movie vociferada que se vale de una verborrea manipuladora que no disimula su deuda con Manganelli, Gombrowicz, Rabelais, Sterne, Céline o Volodine.
Cubierta de Alfonso Rodríguez Barrera y calcomanías de David Cauquil.

Rubén Martín Giráldez (Cerdanyola del Vallès, 1979) ha publicado Thomas Pynchon: un escritor sin orificios (Alpha Decay, 2010) y participa en nuestra antología Doppelgänger, ocho relatos sobre el doble + bonus track (Jekyll & Jill, 2011). Ha traducido diversos libros, entre los que merecería la pena destacar ¡Despidan a esos desgraciados!, de Jack Green; Nada: retrato de un insomne, de Blake Butler, y Naturaleza muerta con pájaro carpintero, de Tom Robbins.


Que se paren las rotativas, que se escondan los héroes vestidos con mallas, que el cine B vomite las palomitas mal digeridas, que la cultura pop se rasgue las vestiduras...
Hoy hablamos de Alta Literatura.
¡Toma!
Menos joven es Alta Literatura en cuestión formal. No esperéis una novela tradicional, ya que está hecha con las vísceras y el certero pulso de un francotirador con ganas de marcha. Menos joven es la caza y captura de los ídolos, de los iconos como sentido y contrasentido. La lucha intelectual de Bogdano por darle un sentido a su hambre de Cutura, con C mayúscula.
Menos joven es dura, deja el cuerpo y el alma maltrechos, con esa sensación de que hemos acompañado a Bogdano, con su caballo, en un periplo que nos lleva a los páramos del ídolo a batir. Bogdano se crió a través de la intelectualidad torcida de un padre más tergiversador que criador: al chaval le confundían las obras maestras con las tapas de lo más vendido de los setenta. 
Edipo a caballo, Edipo confuso, Edipo que ve que se le pasan los años y siempre hay una obra más, un icono más al que adorar... Lo Trash mezclado con referencias que a mí (pobrecico) se me escapan.
He disfrutado con una capacidad formal que me llena de envidia, con una edicion de Jekyll and Jill Ediciones que es un primor: calcamonías, notas a lápiz...
Virtuosismo.
Envidia cochina.

2013-02-17

Dredd, la peli.







Fracaso en taquilla que ha dejado tibios los deseos de productora (Lionsgate), director (Pete Travis) y guionista (Alex Garland) de continuar el devenir de Dredd en la Megacity 1 reimaginada para este nuevo siglo. ¿Tan mal ha ido la cosa?

Dredd es el icono de la editorial 2000AD. Estética deslumbrante, inspiración, autores del comic que son vacas sagradas, más de treinta años de publicación initerrumpida... Dredd se merece un lugar en el panteón del noveno arte y por ende en el cine; esa centrifugadora de ideas ajenas que convierte en film cualquier franquicia/serie que tenga pinta de dar pasta.

En el 94, el dios (en ese momento) Stallone pergueñó con un novato Danny (me hago de oro con CSI) Cannon una adaptación que avinagró el semblante de muchos. Ahora, en el 2012 se prometía volver a la esencia de oneliner Dredd, de su megaviolenta ciudad y de su mutante paisanaje.

Dreed tiene virtudes que nacen de una herencia recibida hace más de veinte años, puesto que destila ambiente ochentero por todos los costados. Alex Garlan y Pete Travis se ciñen al presupuesto y nos muestra una Megacity 1 en glorioso CGI en el plano general pero con vehículos propios de Regreso al Futuro en las persecuciones.

La historia nos traslada a la Detroit de Robocop 2, digo, perdón a la Megaciudad postapocalíptica donde los Jueces dictan sentencia sobre la marcha, con armas multiskill y compasión nula. Dredd es el mejor en lo que hace, más que en lo poco que dice. Es un juez despiadado y solitario. Poned a Harry Callahan con un casco molón y ahí lo tendreis.

Él y una Juez recluta se quedan encerrados en el Nakatomy Plaza del futuro y en las garras de Ma/Cersei Lannister, una mala muy mala, que es tan mala que tiene los dientes picados, de lo pérfida y mala persona que es. Le falta fumar; bueno, se droga con el NUKE, perdón de nuevo, el Slo Mo. Una droga que ralentiza la percepción de la realidad pero que a mí no me parece tan molona, sobre todo si te metes una dosis y luego te dan una patada en las pelotas o te pillas la mano con una puerta.

Mimbres sencillos para una peli que no llega a la hora y media pero que entretiene, ofrece sangre por ordenador a raudales, efectos simpaticones y un aura de entretenimiento sin pretensiones que se agredece y oculta unos fallos y una simpleza de guión imperdonable en otras producciones.

Ojalá que las ventas en DVD/Blue Ray remontan una inicio de franquicia que podría haber dado para muchos más pero que cumple para pasar el ratos; cosa que en estos tiempos no es tan fácil como parece.