2013-04-25

Mad Max

¡Mira lo que me habéis obligado a hacer!


Treinta y cuatro años, mi edad, tiene esta película. De culto, dicen, el inicio de un subgénero (ay, esos italianos y sus locas "versiones") y uno de esos productos que marcan una estética propia que ha invadido el cine, el cómic, los videojuegos, entre otros.
Max Rockatansky es un patrullero de la Fuerza Central, la única ley en las yermas carreteras de un futuro demasiado cercano. Un futuro de pantalones pitillo, melenas y polvo. Un futuro próximo al que ha llegado la humanidad de forma que no se concreta. Crisis, guerras, carencia... Todo esta cubierto por el desánimo; barrido por la arena; agónico.
Max (Un bisoño Mel Gibson, que ya estaba ensayando esa expresión lunática que le granjeó una fama que ha perdido por razones extracurriculares), es el mejor en lo que hace; y lo que hace es mantener a raya a las bandas que campan por esas carreteras eternas, acechando, violando; abrazados a la velocidad.


Toecutter: Seguidor de Tino Casal, fijo.



Ellos, la Patrulla de Fuerza Central,  son lo poco que se atisba de cierto orden, algo de civilizacíon, más allá de bares de carretera, pueblos de una sola calle o una casa junto al mar donde Max vive con su mujer y su hijo pequeño. Un oasis ajeno al polvo y al olor de la escasa gasolina, donde el joven policía se refugia cuando su jefe le permite levantar el pie del acelerador.

El Jinete Nocturno: resorte de los acontecimientos.




Cuando el Jinete Nocturno, amigo del alma de Toe Cutter sádico líder de la banda de motero más letal de ese paraje, muere en una persecución policial se desata la violencia.


La venganza es el resorte de esta historia, de simpleza argumental pero efectiva, gracias a su director, George Miller, que de la necesidad hizo virtud y sacó oro de las cuatro perras gordas que costó la producción. Persecuciones muy bien rodadas, un montaje que no ha envejecido y un tono de western que le da in lustre a un film que marcó una forma de hacer cine futurista. Por otro lado tenemos a unos villanos grimosos, histriónicos y "odiables"; un héroe al borde del abismo, bidimensional, un as del volante que encuentra la excusa perfecta para robar un bólido V8 y asaltar la carretera.
 Un loco más al volante.

 ¡Salvajes de Autopista! Carretera comarcal, más bien.





Cien millones de machacantes de la época en recaudación mundial pero, ¿cúal fue su éxito? Mad Max jugó con diferentes cartas para lograr un producto novedoso. La moda punk estaba ahí de una forma más sutil que en entregas posteriores; los villanos estaban esbozados con un acierto elogioso: eran ambiguos, dementes e impredecibles, para luego convertirse en carne de cañón para el imponente V8 de Max.



 Trailer de la peli; para refrescar la memoria.




Potente film que para mí no ha envejecido mal. Recuerdo haberla visto con nueve años, impactado por la maldad de Toecutter, por las persecuciones y por la sed de venganza de ese jovenzuelo Mel Gibson, que molaba mil con ese uniforme de cuero y esa escopeta recortada.