2014-01-01

El Hobbit: la desolación de Smaug







Esta tarde he ido con mi hija a ver esta peli, por lo que la reseña/crítica o cómo queráis llamarlo, está untada en amor paternal hacia una niña de cinco años que se ha dejado maravillar con la última de Peter Jackson en la Tierra Media. Un encandilamiento que me ha afectado, lo reconozco. Ojos como platos, preguntas emocionadas, sustos y ratos donde la chiquilla no sabía por dónde iban los tiros. Al salir de la sala le he preguntado qué le había parecido y su cara encendida me lo ha dicho todo: Sí, papá, me ha gustado porque también te ha gustado a ti.
Historias de padre friki aparte, voy al turrón:

En el 2040 o tal que así, un nuevo directos que a lo mejor no ha terminado aún el colegio realizará una nueva adaptación del Señor de los Anillos o del Hobbit. Querrá escapar del canon de Peter Jackson, crear algo nuevo, "será más fiel a los libros", dirá en una época en que la novela impresa será materia de estudio arqueológico. Y se hará. Peter Jackson ha hecho tan suya la Tierra Media que cada una de sus pelis están impregnadas de su forma de ver el cine de entretenimiento; una fórmula engrasada, con oficio, que no sorprende porque, atentos, es la quinta vez que vemos esto. Y "La desolación de Smaug" tiene el handicap de ser una peli en tierra de nadie: sin final y sin principio; un film donde pasan muchas cosas pero no todas llevan el ritmo necesario. Tramas principales, subtramas coherentes con el propio Universo Tolkien/Jacksoniano, otras subtramas inútiles...

La compañía enana busca la forma de encontrar la entrada a la Montaña Solitaria y nosotros los acompañamos por bosques infestados de arañas, palacios elfos, persecuciones orcas, osos formidables... Todo con la más inpersonal de las partituras de Howard Shore y con parones en el ritmo que hacen que nos  pongamos a pensar durante la proyección si a este coloso no le sobran unos buenos cuarenta minutos.

Lastres aparte, la peli mola. Mola porque está concebida para molar. Molar o morir. Intoxicación por molonidad y épica. Smaug mola. Las coreografías en las luchas molan, el diseño de producción es para flipar (lo que más me ha gustado con diferencia); una virguería visual que hace que merezca la pena pasar por taquilla.

En definitica, ¿me ha gustado? Sí. Lo justo como para llevar a mi hija el año que viene al cine; lo justo como para aceptar con una sonrisa estas dos horas y medias de evasión CGI, lo justo como para saber que, en algún lugar, ésta será la película que marque la manera de ver cine de un niño.

2 comentarios:

Mapashe dijo...

y a ti se te han caido los huevos al suelo...

Ternin estas creando un pequeño freak

Tony Jiménez dijo...

¡Gran reseña! Debo admitir que me he reído bastante con el párrafo de la molonidad, jaja.

A mí me encantó. Incluso más que la primera, aunque no me he leído el libro. Ganas tengo de ver terminar esta nueva trilogía.