2014-04-19

El regreso de los muertos vivientes







Corría uno de esos veranos alegres y despreocupados donde el calor obligaba a la reclusión en casa durante esas horas malditas de la siesta. El videoclub Tarradellas era un paraiso del Vhs; las carátulas eran molonas y parecía que las mejores pelis siempre estaban disponibles en la sección Beta. Sí, soy un señor mayor.
En aquellos momentos que jamás regresarán, tuve grandes momentos de recaída en varías películas. Daba igual que ya las hubiera visto, al final caían otras vez. Creo que la gente de los inicios de Telecinco o Antenas 3 se olieron el percal porque programaron a toneladas varios de mis clásicos de cabecera de mi preadolescencia.

A lo que iba: El Regreso de los Muertos Vivientes. Y sí, todo con las palabras en mayúsculas que mola más. Que para eso lo emplean los americanos.

Lo zombi mola. Moló, mola y molará. Están de moda en la literatura con árboles y árboles muertos convertidos en apocalipsis zombies; mola en el cine y es un género que no ha decaido en décadas; mola en el comic desde los tiempos de la ECC y mola en las series verbigracia de ese bluff que yo dejé en el tercer capítulo que es The Walking Dead. Los muertos vivientes tienen tirón pese a una fórmula reiterada ad nauseam. Es algo incomprensible, como el género superheróico, vaya.

Cada uno escoge sus filias y fobias y reconozco que El Regreso de los Muertos Vivientes tiene un lugar en mi corazón. Pero, ¿Regreso? ¿Estuvieron alguna vez? El propio título ya despierta alguna pregunta.

El caso es que esta peli del 1985 es una ¿secuela? de la ya mítica "La noche de los muertos vivientes" de George A. Romero. En la cita que reseño, se tienen como referencia la película del 68 añadiendo algunos cambios a la trama y comportamiento de los monstruos.

Dan O´Bannon escribió y dirigió al película. Autor de culto en el mundillo fantástico, antiguo amiguete de John Carpentes y escritor del guión de Alien, se pasó a la dirección con esta película con bastante tino, debo decir.

Pero, ¿de qué va?

Freddy es un ex punkie que quiere reformarse, se ha echado una novia medio normal y he empezado a trabajar en un almacén de productos de suministros médicos de medio enchufe gracias a su tío Frank que curra allí. Para hacerse el interesante el tito Frank le enseña unos barriles del ejército. Le cuenta la historia de que dentro está la Trioxina 53 (o algo así), unos gases muy chungos. La pareja abre el barril por error y esparcen el gas por la fábrica resucitando a un perro cortado por la mitad y a un cadáver del depósito de cadáveres.

Los colegas de Freddy, punkies ochenteros de manual, matan el tiempo mientras Freddy la lía parda en el almacén entrando en un cementerio diseñado por Bernie Wrighson, por lo menos. Varias malas decisiones más tarde y el gas se expande por la ciudad.






Secuela espiritual de La Noche de los Muertos Vivientes, pero no oficial, ya que George Romero estrenó ese mismo año El Día de los Muertos, más seria y afincada al canon que él mismo creo. En cambio, El Regreso... es más comedia que terror. Un sutil engranaje que funciona gracias a la pareja protagonista y su histrionismo calculado, James Karen (Frank) es genial; humor zafio, terror, efectos muy bien colocados y ganas de divertir.

El Regreso... es una película de culto para los de mi generación, pero no ha envejecido. Revisionada hace poco, se mantiene fresca, funciona como film sin necesidad de tirar de nostalgia para que se mantenga el invento.

Por cierto, marcado por el desnudo pre gótico sexy de Linnea Quigley que se marca un "estriptis" que se mantiene en la memoria prepúber.



Y sí, la peli de Romero, mentía.


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