2014-04-25

La gran belleza




    Jep Gambardella ha cumplido sesenta y cinco años. Hace muchos años escribió una novela aparentemente revolucionaria y vive de las rentas de esa fama entre noches romanas y su oficio de entrevistador en una revista cultural. A Jep Gambardella no le falta un perejil. Impecable, repeinado, conjuntado en estilo y maneras, de ojos tristes y sonrisa rápida; el escritor ve pasar sus días entre la decadencia atisbando en ocasiones la gran belleza: esos flashes efímeros de belleza que nos asaltan antes de poder asimilarlos.

      La Gran Belleza es una película que me ha tocado como espectador. Ha supuesto más una experiencia literaria que cinematográfica, y eso que Paolo Sorrentino hace todo lo que puede para impactar visualmente al espectador: travellings imposible, cortes de escena, montaje, escenografía apabullante... El director satura como si mañana le prohibieran coger una cámara para siempre. No, el impacto visual se deshace más por el qué que por el cómo. Caso contrario que para muchos, creo.

     El viaje de Jep por el submundo moral de esa Roma bella y etérea, sublime y de pesadilla es un viaje interior. Sesenta y cinco años de futilidad, piensa el escritor, mientras pasea por una ciudad desierta, por sus palacios iluminados por velas, por sus jardines secretos, por entre las piernas de damas ajadas, por el deseo de rememorar sus años de juventud perdidos, por la mentira y el engaño, por el ruido y el recogimiento del patio de un convento.


      La Gran Belleza sólo se puede haber creado en una Roma que enamora en cada plano, por artificial que sea. Una Roma de ensueño de siesta de verano, en la terraza del escritor, donde las miserias afloran entre sorbo y sorbo de vino caro, y todo el miedo se deshace con un movimiento de manos y un comentario sarcástico. Una experiencia estética que queda por debajo del retrato de los personajes.

     Pinceladas. Sorrentino deja caer el peso de la narración en su alter ego: el actor Tony Servillo, que atrapa con su mirada de animal herido, casi un clown de sí mismo. Un ser que se abe despreciable y no mejor que la casta que le rodea, pero que se consuela con la idea de transcender a través de sus recuerdos y la idea de ser algo más si las noches o la vida se lo permite. Pinceladas en los personajes secundarios en escasas palabras o acciones determinadas; desde lo grotesco a lo glorioso.

    Porque todo cabe en estas dos horas de arte. La Gran Belleza se padalea con gusto, sin prisas y con la mente abierta. Es de las mejores pelis que he visto en años. Una experiencia que te hace pensar más allá de sus artificialidad formal.

   Plas, plas, plas.


2 comentarios:

Asterios Polyp dijo...

Me congratula saber que te ha encantado. Desde que la vi en su estreno a finales del año pasado, mi entusiasmo fue tal que no he parado de hacer proselitismo sobre la misma. En mi caso lo tengo claro: no es una de las mejores, sino la mejor película que he visto en los últimos años.De hecho fui dos veces a verla en cine, lo que no hacía desde hace eones. No dejes de ver "Il Divo" (cuya primera hora también es muy buena, con diálogos tremendamente ingeniosos). A "Las consecuencias del amor" se le nota lo que tiene de obra primeriza, pero en ella te percatas de que el protagonista tiene muchas concomitancias con Jep Gambardella, lo que te deja a las claras que al final todos son el mismo personaje: el propio Sorrentino.

Ternin dijo...

Me apunto Il Divo como prioritario.