2014-04-28

True Detective







El tono lo es todo. Es un aforimos literario que bien se puede ajustar a True Detective. El tono es todo; y las expectactivas también.

True Detective era y es la Gran Esperanza Blanca de las series de principios de año. Ocho capítulos cuidados con un mimo que ya querrían cintas de gran presupuesto, un escritor para toda la trama y un director que mantenga el pulso, un guión cuidado e intérpretes colosales... Y HBO poniendo la pasta. ¿Qué puede salir mal? Para mí, nada. Para muchos: que no se han cumplido sus expectativas, que la aventura no es sufuciente y que la película mola más cuando te la montas en la cabeza. True Detective es tan potente que el espectador, algunos, lo flipan tanto y tan fuerte que el final es un dulce amargo para lo que podría haber sido para ellos.

SPOILERS A TOPE A PARTIR DE AQUÍ:

True Detective es víctima de su propia premisa, de su propia mitología. Nic Pizzolatto, artífice del guión, nos cuenta una historia clásica, sacada en parte de hechos reales (sólo hay que googlear un poco, vagos) en la que el cómo pesa más que el qué. 

El 1995 dos detectives de homiciodio, Rust Cohle y Marty Hart investigan el asesinato de una prostituta. Mal les pinta la cosa: un asesinato ritual en una zona muy chunga de Lousiana. El tono, amigos, es el todo aquí. Los detectives son antagónico, carismáticos, cortados con las tijeras de los personajes clásicos. La investigación del crimen es un hecho secundario porque Nic, perro viejo, se entretiene dándonos píldoras del placer en forma de referencias metalinguisticas, flashbacks y un desarrollo de personajes que emplea a fondo esta, que no es de otra forma, película de ocho horas.

La trama salta de un 2012 en una sala de interrogatorio donde los protagonistas no son lo que era, ¿por qué? y un 1995 donde Cohle y Hart investigan horrores con nombres literarios (pulp si me apuran), el tono, siempre él, se adueña de todo; el espectador asiste hipnótico a una historia que trata de homicidios rituales, una buddy movie con ínfulas y un drama familiar de mentiras y silencios.

Poco a poco la vista se aclara como la visión de Cohle en un día bueno y el pantano deja de enturbiarse. Atrás hemos dejado pinceladas de esas que se comentan en Twitter: el cuerpazo de la Daddario, el plano secuencia que mola tanto pero que en realidad es una sobrada, el "quiero que vengas a casa y me la metas por el culo"... Cada capítulo tiene lo suyo y no tiene nada que haga avanzar la trama. ¿Acaso importa? A estas alturas estamos hasta las rodillas de agua lodosa, las chimeneas humeantes de ese monstruo petroquímico que dibuja el horizonte pantanoso nos acompaña y nosotros, el espectador, está enamorado de ese ambiente white trash hasta las cachas.

Sinestesia. Combinación de sentidos para dar algo diferente. Coño, True Detective nos da eso. No me salto los títulos de crédito porque molan mil, las BSO es brutal y esto tiene que salir en volandas, petarlo todo... True Detective es la serie. ¡No! LA SERIE. Llega a ser tan SERIE que a lo mejor dejo de dar por saco a mis colegas con The Wire, fíjate.

Y llega el final a toda marcha, con el corazón a mil y con las más locas teorías en la cabeza. ¿El Rey Amarillo? ¿Carcosa? ¿Es Cohle el villano? ¿Es Hart? El hombre de las cicatrices estaba allí. Siempre estuvo allí. El caso era tan fácil, parecía tan fácil... Endogamia sureña, Mardi Grass demencial, abusos de la Iglesia, rituales... Un caso de casi veinte años que se ventila de forma convencional. Los polis hacen su trabajo y todo termina como debería haber sido años atrás, si la locura y los problemas de los detectives le hubieran dejado pensar con claridad. ¿Decepcionado? ¿Te la han colado como con Perdidos? Bueno, depende de lo que buscaras o de tus propias movidas. Porque Pizzolatto lo tenía claro desde el principio. No hay finales alternativos, no hay más de una temporadas donde el fandom puede llorar y quejarse porque no hacen la serie que ellos quieren ver.

True Detective es un relato policiaco del bien contra el mal. De redención y de maldad no erradicada. Es una serie bien interpretada, bien dirigida, bien escrita... ¿Qué estás decpecionado? Pues lo siento por ti. Es lo que hay.

Yo, anoche, le di al botón de stop con la sensación de que no me han timado, de que cada minuto de su visionado mereció la pena, de que añoraré esta serie. Pensé que somos injustos con este mundo lleno de posturas, de poses, que nos impiden disfrutar de lo que hay.


4 comentarios:

Toluuuu dijo...

A mi no me ha decepcionado,ni mucho menos. Pero es cierto que durante buena parte de la primeros capítulos han atrapado a más de un incautó con ese Matthew tan maduro y sobrio, con diálogos que hipnotismo pero que en realidad están vacíos de contenidos... pero aun así, me ha gustado.
Y por desgracia no puedo perdonarles el que me hayan vendido los dos últimos capítulos con una trama familiar y política que se mezcla con la soberbia y la miseria mas baja del ser humano...para luego ventilarla de una forma muy normal.

Pero oye, ha sido como un polvo rápido. Satisfactorio? Si, pero mejorable. Por cierto, muy buena reseña, crítica o como le quieras llamar. Muy certera.

Ternin dijo...

Muchas gracias, tío.

JAVIER dijo...

para mí, el tema está en que no se resuelve como dices tal y como debiera haberse resuelto 20 años antes; el cambio de tono del hombre de las cicatrices del "mundo real" a cuando es "perseguido" y sólo se oye su voz; la espiral que ve Cohl en esos momentos... Hay algo más que la simple y sencilla resolución del enmarañado caso; algo que trasciende y que está, quizás, más allá...

Poémico dijo...

El guionista al final se encuentra en un atolladero y creo yo que resuelve por la via de enmedio. La primera media temporada es mucho más sugerente de lo que luego cristaliza en la segunda parte de la temporada. No quiero decir que tenga que disgustar, pero esta claro que el guionista no utiliza los hilos que teje en los primeros episodios, los dejas deshilachados y busca un final convencional porque no se le ocurre nada mejor y ya es cosa de cada uno si conjuntar esas dos partes muy diferentes y quedarse con un global satisfactorio o sentirse decepcionado porque la serie no acaba de hilvanar algo tan sugerente como a lo que parecía apuntar en un principio.