2014-02-12

Viaje a los noventa: X-Force









A principios de mes llegó a mi casa un paquete. Voluminoso y cargadito de grapas. Era la recuperación de un placer culpable, de un compromiso ante tantos comics perdidos o directamente no leídos. La caja estaba llena de comics mutantes; todos de la década de los noventa. Canela fina.

Entre tanto material, que ya comentaré en el blog, venía el tomo con los últimos números de Nuevos Mutantes y los quince primeros números del volumen uno de X-Force. Yeah!

Tres millones de copias vendió el primer número de esa serie. ¡Tres millones! Lejos de los ocho del número uno de los X-Men pero coño, ¡tres millones! Un comic que ha trascendido del propio género. Un tebeo infame, conocido por sus carencias e infravalorado con el paso de los años. Siempre he pensado que esta serie debío gustarle a más de uno y a más de dos porque venderse se vendía del copón. Lo mismo ocurre con Rob Liefeld, que todo el mundo se cachondea pero no creo que todas las copias las pillara él, ¿no? Venga me creeré que los noventa fueron una époc convulsa y tal. Me lo creo porque estaba alejado del mundo del cómic, pero no queda nadie que alabe estos tebeos.

Así que me enfrenté a esos tebeos con el handicap de años hablando mal de estas grapas, de esta serie y de este autor. Me cogí el tomito y las grapas y me lo metí entre pecho y espalda en un par de días.

Cable en ese momento era un personaje con un pasado misterioso y pose, mucha pose; y músculos, y dientes, y armas. Pesadas y enormes. Era un desagradable, malajoso, que por razones un tano inexplicables se hacía con la tutela de los Nuevos Vengadores. El plan de este comic dibujado por Rob y dialogado por Fabian Nicieza, era que este grupo (Syrin, Sendero de Guerra, Bum Bum, Dominó, Bala de Cañón, Estrella Rota y Feroz) fuera una unidad activa: los mutantes viven bajo amenaza y ellos no se van a limitar a esperar las hostias, las van a dar.

Proactivo (palabro que odio), directos y armados. Escorzos, posturas, mandíbulas y militarismo. Ellos plantaron las semillas que molaban tela. Porque todo era para molar. Molar era la palabra. Era la serie más noventa del mundo. Los noventa en tu puta cara, como se suele decir. Y poco más. Discordia, la nueva Hermandad de Mutantes, Tom Cassidy... ¡Masacre! Todo en unos números que se leen de forma atropellada, aturullado por unos diseños de personajes y una narrativa que no sé cómo era en la época, pero hace ilegible una trama inexistente.

¿Cómo hubiera digerido estos comics en su época? Conociéndome, lo hubiera flipado a tope. Lo reconozco. Con doce años, estos X-Force me hubieran parecido geniales, en consonancia con el cine de acción de esos años. Héros mutantes fuertemente armados. ¡Flipa!

Ahora. Un documento histórico del comic. Un ejemplo de lo que se hacía en ese tiempo. Una lectura no-nostálgica que me ha hecho sonreír en ocasiones.

2014-02-11

Lobezno: Snikt!



Descubrí a Tsutomu Nihei gracias a mi amigo Yorkshire y su fascinación por el mangaka japonés. Autor de Blame! es un dibujante y guionista que disfruta de los ambientes ciberpunks, los relatos apocalípticos y las criaturas de la Carne Nueva. Un trazo característico, una narrativa que aborrece de los cuadros de diálogo... Una experiencia que no es para todos los gustos.

A mí me enamoró con Biomega.Y hace unos días cayó en mis manos su aportación al imaginario Marvel: Lobezno Snikt!!

¿Qué nos ofrece este particular autor?

Lobezno pasea por las calles de Nueva York cuando le aborda una chica, le da la mano y lo traslada a un futuro chungo, muy chungo. Nuestro mutante canadienses es el único capaz de salvar el futuro de una amenaza biológica llamada El Mandato. Nada más, y nada menos.

Nihei, no hay que olvidar que esta es una obra de encargo de Marvel, retrata en Snikt, una aventura distópica cuyo protagonista es una mera excusa para regalarnos su habitual desfile de conceptos, criaturas, recreaciones y atmósferas que forman parte de su imaginario.

Nihei aborda la obra como una prolongación de su narrativa. Lobezno es un héroe instrumental. Pocas palabras en una historia donde vence el tono frente a la historia.
 



Snikt es un viaje breve, potente, por un futuro lleno de torreones desiertos, monstruos, criaturas-esfínter y violencia. 120 páginas que son más un retrato de ambientes que un comic book al uso. Nihei no engaña a nadie. Si Marvel lo quería, lo tuvo. Tanto da si es Lobezno o Iron Man o quién sea; lo que vale, lo que eleva a este tomo sobre toda la mediocridad del comic USA es la capacidad visual de trascender.




Un mundo por salvar de unas criaturas horribles, humanoides, devoradoras de carne, aglutinadoras de despojos... Y un héroe mutante (alejado de su canon incluso en su forma de ser dibujado) que (Sknit) garras en ristre debe matar y sajar para volver a su época.
Explicaciones las justas. Lo importante es un concepto que hemos vivido todos a través de la propio simología cifi nipona y cientos de influencias. Nihei quiere epatar y lo consigue con sencillez y honestidad.

2014-02-03

Rush







No tengo ni idea de Fórmula Uno. No soy aficionado, y si conozco algo de este deporte es lo mimetizado por otros. Jamás he visto una carrera de motu propio. Pero Rush me ha encantado.

Es como la persona que ve "Evasión o Victoria" y lo flipa. En este subgénero de cine deportivo, para triunfar hay que tirar de épica: la canasta en el último minuto, el gol en el descuento, el púgil que se levanta de la lona antes de que el arbitro cuente hasta diez...

Rush, de este melón por abrir llamado Rono Howard que te hace dos malas por una buena, es un biopic engañoso del piloto inglés James Hunt. ¿O es un biopic sobre Niki Lauda? Un relato clásico de enfrentamiento entre dos hombres dispares, dos concepciones de ver el mundo, su mundo. ¿Es Rush una peli de épica y gasolina? Sí y no.

Peter Morgan, guionista de Frost/Nixon, hace un gran trabajo eludiendo el camino fácil del bueno contra el malo. El carisma de Hunt (Chris Hemsworth haciendo de Tony Stark en la Fórmula Uno) contra la frialdad de Niki Lauda (un impresionante Daniel Brühl que ES Niki Lauda). No, esta peli, pese a la espectacularidad de la puesta en escena, es un film de personajes bien retratados, con la narración a su favor.
Rush engancha no por saber quién venció en el Campeonato de 1976, sino porque durante dos horas vemos a dos tipos diferentes luchando por un objetivo que les contrapone. Cada uno a su manera. Uno tirando de "queledenporculoatodo" y otro mirando las estadísticas para no matarse.

Chris Hemsworth quiere quitarse el sambenito de Thor sin quitarse el pelazo (no es su culpa James Hunt tenía melenón y era igual de guaperas) y se lo curra gracias a un papel más agradecido que el de su némesis deportiva. Porque Daniel Brühl es el que se parte la boca en este película. Da carisma a un señor apodado "rata", le da humanidad, ingenio e inteligencia a lo que fácilmente podría haber sido una calculadora humana.
Si Rush supera la media es gracias al actor germano/español.

A esto le añadimos la obligatoria música de Hans Zimmer que se descuelga con el mejor trabajo de un 2013 desangelado y nos da un par de temazos de esos que te ponen los pezones como nudos de globo.

¡Corre a verla!