2014-06-23

Escritorzuelo (IV)





Pequeñas historias, relatos ínfimos que cobran vida. Supongo que les pasa a muchos: un cuento se escapa del control y crece hasta convertirse en algo más. Páginas y páginas, palabras dictadas por la mente. Lo que hay dentro hay que sacarlo y todo eso. Sí, es muy común y casi igual de aburrido que contar que a mí de leer... Pero eso es otra historia.

¿Cómo llegué a ese banner que ilustra el post? ¿Qué mecanismos se activaron para que una editorial aprobara mi proyecto? ¿Sucedió el milagro? ¿Soborno? ¿Suerte? No. Cara, mucha cara.

Escritores más o menos consagrados dedican parte de su tiempo a contar cómo y de qué forma un autor novel puede acercarse a una editorial con un manuscrito. Casi todos son acertados y se acercan bastante a la realidad. Profesionalidad, seriedad y no vender humo. Yo añadiría algunas gotas de poca vergüenza.

En 2013 me enteré de la publicación de la línea Monsters Unleashed gracias a Tony Jiménez (me apunto un próximo post sobre amigos escritores), un autor de Tyrannosaurus Books con el cual tengo una excelente relación de amistad y compañerismo. Monsters Unleashed, en pocas palabras, es una idea genial que hace confluir los monstruos clásicos con el exploit más alejado de su concepción original. Una frikada que bebe más de subgéneros trash y la literatura más pop que de otros planteamientos más "literarios". Una aventura en la que yo quise participar sí o sí.

Como uno de esos soldados bisoños que se ofrecen voluntario para la típica misión suicida de la que no sobrevive ni el apuntador, le eché rostro y les mandé un mail a los editores. El contacto previo lo tenía de mi participación en Epic pero como buen Don Nadie que soy, el NO ya lo tenía.

Les mandé una propuesta con el monstruo de la Laguna Negra, Miami finales de los setenta, drogas, nazis y escuadrones de la muerte pasados de rosca y... ¡Aceptaron!

Si Crom quiere después del verano tendréis la novela entre las zarpas. ¿La primera? Seguro que no, pero eso, como he dicho más arriba, es otra historia.

2014-06-14

Escritorzuelo (III)







La Habitación Fría. Mi  primera colaboración para La Pastilla Roja




Como decía, mi relación con Tyrannosaurus Books estaba a punto de comenzar. Pero toca hacer un alto en el camino para hablar de otra iniciativa en la que pude participar gracias a esa cosa llamada Redes Sociales.
Fue a través de Facebook como conocí a un montón de gente interesada en la literatura: consagrados, profanos con interés, gente solidaria, majetes, auténticos imbéciles, cansinos... Sí, hay de todo, porque esto es como la parroquia retratada en La Colmena y cada uno somos de nuestros padre y de nuestra madre. Total, que moviéndome en Facebook y mientras la confianza de Rafael Lindem en mis relatos cuajaba en más participaciones en su revista, conocí al editor de La Pastilla Roja ediciones: Athman Charles.

La Pastilla Roja es el esfuerzo de un solo hombre. El amor hacia el género de terror convertido en un proyecto que, no se sabe cómo, se materializa en varias antologías que sólo tienen como interés promover a los autores patrios. Gracias a él, pude aparecer en un par de publicaciones de las que estoy particularmente orgulloso: Fantasmas, espectros y otras apariciones y Bueno, Bonito... maldito.



 La segunda y espero que no sea la última.



Aparte del logro personal, estar en estas antologías me hizo conocer a más gente, y ser conocido entre más lectores. Lo que vulgarmente se conoce como "hacerse un nombre". Un nombre pequeño, anodino e invisible. Pero es mi nombre.

En realidad hice lo opuesto a muchos otros autores que conozco. Casos de los que soy testigo. Meses y años encerrados en sus cuartos escribiendo una novela; pulirla, apuntalarla; cientos o miles de páginas escritas en soledad: una obra inmensa que después del logro de terminarla empieza a moverse por las editoriales. Ese proceso está caracterizado por la esperazan, la incertidumbre y la paciencia... Lo que yo llamo sacarse las oposiciones de escritor.


 Carne Nueva, apuesta editorial de Fermín Moreno y Tusitala. Pronto en las librerías




Por elección, ganas y circunstancias yo no seguí ese camino. Algunos, los pocos, han conseguido el objetivo, otros están apuntalando la obra como si de la obra del El Escorial se tratar, otros optan por la autoedición más o menos encubierta para llevar a los demás su obra. Yo, y siempre yo, tiré por el camino fácil: escribir en la distancia corta, en el relato breve y divertirme en el proceso. No tenía el cuerpo para más.


 Carmen Cabello y Kelonia Editorial. Microcuentos y Fantasía



Hasta que una historia minúscula se me escapó del control.

2014-06-07

Escritorzuelo (II)








Seguí escribiendo. Era la noche de mi cumpleaños y después de la catástrofe dejé el archivo de la novela aparte y me senté a escribir. Relatos cortos, lo primero que se me ocurría. Durante un par de meses escribí cuentos mientras mantenía correspondencia con el autor de Recalibrados. Le pasaba lo escrito, charlábamos del mundillo, de aficiones comunes. Me vi con fuerzas para mandarle lo que estaba haciendo en ese momento y me los corregía. Él me recomendó que enviara algunos cuentos para la revista "El Hombre de Mimbre", en la que colaboraba. La cosa marchaba ya que me aceptaron un par de cuentos para el número dos. Animado, seguía con la relación epistolar con Santos mientras, navegando por la red descubrí un certamen de relatos zombies para la editorial Tusitala y otra convocatoria que me cambiaría la vida: Epic, de la editorial Tyrannosaurus Books.

En el verano del 2012 tenía dos cuentos seleccionados para su publicación en papel y una colaboración en una revista digital que pintaba bien. Me sentía bien en el mundo del relato. Historias cortas que me servían de formación estilística. Eliminé vicios y prácticas erróneas, escribí y escribí sólo por el hecho de ganar músculo, de crear mi propia forma de expresarme. Me daba/me da igual el género. Pasé de quere expresar imágenes a aprender a manejar palabras. Un concepto difícil que va más allá de imaginar e intentar volcar lo imaginado. Un proceso largo de trabajo que recuerdo con mucha ilusión. 





El relato para la convocatoria de género zombie se congeló mientras que Epic de TB Books aparecía en el mercado a principios de 2013. Fue un momentazo, lo admito. Un trocito de mi esfuerzo combinado en una antología sobre Fantasía Épica que no sé si vendió bien o mal, lo único que sé es que era mi primera publicación en papel. Era el rey del mundo. 

Mientras, los relatos se sucedían al igual que mi colaboración en "El Hombre de Mimbre". A ratos empecé a escribir una novela (ahora lo sé pero en ese momento sólo quería hacer una historia noir de cifi que luego creció indómita hasta otro proyecto de mayor calado) y más cuentos que presentaba a diferentes sitios con desigual fortuna.

Mi buena relación con los editores de TB y Tony Jiménez, autor que empezaba a despuntar con su primera antología, me hizo llegar a "Monster Unleashed"...

Continuará...

2014-06-01

Escritorzuelo (I)


Un viaje en avión y esta novela.






Cada uno cuenta la guerra como le va. Eso es un hecho incontestable que en el mundo de las letras se convierte en una verdad con un añadido: que se puede fabular según el bando perdedor o ganador. El trono del hierro del escritor medio es el éxito. Algunos lo cuantifican en ventas/pasta y otros en prestigio. A todos nos gusta que nos lean, si no, ¿a cuento de qué iba uno a "soltar" lo escrito al exterior? El éxito, já. Pero antes de eso, de encontrar el Santo Grial, tenemos que publicar, o lo que en cristiano sería darnos a conocer.

¿Y cómo llega uno a publicar? ¿Cómo se pasa de lo que uno escribe con la disciplina de un monje o a ratos sueltos a una impresión o un archivo digital? Ahí está guerra y cómo se cuenta.

Yo contaré mi guerra, mi batalla, mi historia. Una historia que no le interesará a casi nadie, la verdad. Escribir sobre escribir puede ser un ejercicio de pedantería máximo; una suerte de onanismo brutal donde el ego toma las riendas. Pero bueno, me apetece hacerlo. Después de unos años, me merezco contar cómo es que he llegado a fichar por una editorial. Es mi batalla.




¿Qué había detrás de estas ilustraciones?



No decidí escribir cuando era pequeño, ni he pasado la infancia garabateando historias en una libreta. No más que cualquiera que se dedique a esto, supongo. Me gustaba más dibujar monigotes y siempre estaba pendiente de las portadas de los tebeos del kiosko de debajo de mi casa. No, no diré que siempre me he dedicado a escribir. Sería mentir como se mienten en las entrevistas que se hacen. No fue hasta la mayoría de edad cuando me dediqué a escribir cuentos pequeños y algún remedo de guión perdido en el memoria bit de algún diskette. Hice otras cosas más mundanas que me llenaron; cosas necesarias; como formarme o leer mucho más de lo que leo ahora. Años después me picó el gusanillo y escribí un relato para un certamen de Literatura Fantástica. Quedé finalista y mi ego se calmó.

Hasta un viaje en avión en 2011 y una novela de un autor sevillano: Antonio Santos. La novela Recalibrados llegó a mi vida gracias a un amigo, editor de la fenecida Viaje a Bizancio Ediciones, que me pasaba sus publicaciones. Recalibrados supuso un punto de inflexión en mi vida durante ese viaje Londres-Sevilla. ¡Me encantó! Un golpe de estilo que me espoleó. Joder, yo quería hacer eso. Al llegar a casa y aprovechando el resto de las vacaciones me puse a escribir. Una historia que le pasé a mi amigo editor para que le echara un vistazo. El hombre me animó a seguir. Me animó a que le pasara lo que fuera escribiendo. Me alentó. Y yo le di a la tecla como si me fueran a matar si lo dejaba. Creí estar escribiendo una historia llena de épica. Todas las influencias, toda la bisoñez de novato, todo el barroquismo, todos los clichés y todos los vicios se volcaron en un mamotreto que le presenté a mi amigo/editor con la mirada llena de esperanza y casi oliendo el papel de la novela recién impresa.

Me dio la del pulpo. Me venció, me tumbó, me destrozó. Analizó el primer capítulo de una forma que me dejó reventado. Lo que era un horizonte lleno de éxito se convirtió en el lodazal del fracaso. "Mejor dejas de escribir, me dijo. No pasa nada. O dedícate a los cuentos."

¿Y yo qué hice?

Seguí escribiendo.

Continuará...