2015-04-15

Cine de Perro Viejo: el ecualizador.





Me da cierto orgullo inaugurar una sección nueva en este vuestro blog. Y me ha dado por pensar en esas películas de videoclub, en esas sesiones de Cine Cinco Estrellas de Telecinco, en esos tipos duros de la Cannon, de la serie B y del cine de padres. Una corriente, un subgénero en sí que ha pasado a formar parte de nuestra cultura popular. Tanto que en este siglo XXI lleno de CGI, de reboots y de remakes, hay un hueco para este cine de sudor, pólvora y malas miradas: el cine de Perro Viejo.

¿Y qué es el cine de Perro Viejo? La premisa de estos filmes a rebujo del inesperado éxito de Venganza de Liam Nesson es la siguiente: un protagonista gastado, "sinperdonizado" y experto en cualquier materia relacionada con matar se ve envuelto en una historia donde tiene que abandonar su retiro para dedicarse a lo que mejor sabe hacer: dar matarile.

Y empiezo esta sección con El Ecualizador, una peli del año pasado , con vocación de serie abierta que se quedó en un placer culpable para muchos seguidores de la acción crepuscular.

El Ecualizador es Robert Mcall, trabajador de un Leroy Merlin de los USA y el tipo más rutinario del globo. Costumbres fijas y disciplina. No se mete en problemas y ve la vida pasar entre las páginas de un libro hasta que se cruza con una joven prostituta maltratada por sus chulos.

A partir de ahí ya se ve venir la película. Antoine Fucqua, el director, sacia las ganas de justicia callejera con escenas al ralentí, coreografiadas con gracia y dejando al espectador con la sensación de que lo difícil es fácil y que el señor McCall es peligroso hasta con una goma de borrar. 

Porque la historia es la que es, señores. Un veterano que no quiere meterse en líos, un villano de manual que se merece lo suyo desde el primer fotograma y un antihéroe que es capaz de cargarse al más pintado e irse de rositas sin pegar un solo tiro. Es como McGiver pero con mala hostia y la mano larga.

El Ecualizador es la puesta al día de una serie ochentera donde la premisa era sencilla: Agente especial que quería equilibrar la balanza de sus maldades haciendo el bien cuando está retirado. Denzel Washington se cree el papel y no le cuesta nada, apenas una mirada, darle nobleza y cierto empaque a un personaje que en otras manos no sería más que un manual de clichés.

Entretenida pero no todo lo épica que cabía esperar por falta de garra o momento oneliner. Un gusto culpable para ratos de sofá y palomitas.




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