2015-05-25

Mad Max: furia en la carretera





Sí, voy muy a tope con la película. La vi ayer y aún la tengo tatuada en las retinas, pero no quiero cargar el post con cosas como "una película adrenalítica" o similares. A ver si me sale.

Mad Max cuarta parte o Mad Max: Fury Road se ha convertido en uno de esos ejemplos de reboot/remake que parece hecho a destiempo y tiene el futuro de estas producciones contagiosas y desnutridas tipo Robocop o Desafío Total que se ganan el desprecio de los que vieron las originales en su momento y la indiferencia del público actual. Una película rodada hace dos años y pospuesto su estreno hasta un mayo del 2015 tras problemas, inundaciones y aventuras que dan para un documental. Las apuestas no eran favorables. Hasta que salieron los trailers el verano pasado.

Ojo, Cuidado. El verano pasado la esperanza se abrió camino con un anuncio que dejaba con ganas de mucho más. Después un par de trailers más y el hype llegó a estar por las nubes. Y aquí me veo yo a las cuatro de la tarde de un domingo, prácticamente solo y con un paquete de palomitas en el regazo. Tres o cuatro trailers guarros, un anuncio de Vodafone y ¡pum!

Mad Max ha sido valorada por su energía, sus escenas de acción, su tono y su Universo. Se ha ensalzado la función de Charlize Theron como una Imperator Furiosa potentísima, a Tom Hardy como un Max voluntarioso y solvente... Y todo esto es cierto. Mad Max es una máquina que funciona en la mesa de ediciones y a muchos niveles. Es un western, una aventura de acción, un diseño de producción acojonante y un trabajo de guión de diez. 

Esto consiste en ir del punto A al B. Punto. El contenido emocional, el conflicto de este episodio perdido del Mito Mad Max, se resuelve entre miradas y situaciones. ¿Por qué perder el tiempo con líneas de diálogo cuando la elipsis o un gesto pueden explicarlo mejor? George Miller lo sabe hacer desde hace 36 años y ahora lo reafirma. Si en la primera de Max, la violencia la pone el espectador, aquí la violencia está también más en lo que no se ve que en lo que nos enseña. 

Imágenes poderosas y conceptos esquematizados, se nos muestran a velocidad de vértigo no para que les comprendamos sino para que nos empapemos de un Universo postnuclear que ya ha sido contado demasiadas veces. El color no está saturado, hay viveza y fuerza en los páramos de las Tierras Baldías. ¿Cuál es el origen de la Imperator Furiosa? ¿Por qué decide hacer lo que hace? No se explica. No hace falta. Sólo una mirada de esos ojos tristes y cristalinos nos dicen todo lo que necesitamos saber. Y así en las dos horas de la película.

Valhalla. Mediavidas, el spray cromado, el culto al volante, los hijos imperfectos de Inmortan Joe, el Criadero de Balas, la Agua Cola, Espléndida y sus compañeras: bellezas imposibles en un mundo feo... Detalles, mínimos a veces, que engrandecen un producto que podría ser mucho menos y que se ha rodado con un amor hacia su propio Mita increíble.

¿La veré más veces? Por supuesto. Volveré a ver a este Max rudo, cargado de hombros, que gruñe y es testigo de una historia que no es la suya. Un Max Rockansky que resurge de los ochenta y plantea un legado heredado de los propios personajes pulp: atemporales, sin fecha de caducidad. Un tipo que se aleja cuando todo ha terminado. Un Sinnombre. Un testigo más.

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