2015-10-21

Puño de Hierro de Kaare Andrews







Si algo tiene Marvel como valor añadido es su interés por ofrecer al lector una diversidad temática extraída de los sucesos de moda. Esto se hizo especialmente patente en la década de los setenta donde La Casa de las Ideas se sacó de la manga nuevos tebeos que pretendía ganarse nuevos lectores y sobre todo mantener el interés de los presentes.
Así nacieron cómics sobre Drácula, el hombre lobo, personajes como Howard el Pato  o el que nos ocupa: Danny Rand, el Puño de Hierro.
Después de una etapa con  Ed Brubaker, Matt Fraction y, en principio David Ajá, que fue claramente de más a menos, el personaje fue visto en series vengadoras hasta este rescate en la iniciativa Marvel Now. Un volumen que recae en Kaare Andrews como autor completo. Andrews, cineasta puntual, se atribuye las tareas de guion y dibujo en estos doce números, apenas una maxiserie, que ha sido cancelada por sus pocas ventas.
¿Y qué nos ofrece el nuevo volumen de Puño de Hierro? Pues lo primero que nos ofrece es la imagen y el recuerdo de un autor mítico en el noveno arte: Frank Miller. El ahora no tan glorificado Miller es la base de este Puño de Hierro. Para bien y para mal. Mi teoría personal es que Frank Miller es la peor influencia para un mal guionista. Pasó con McFarlane en su Spiderman y pasa con Andrews. No sólo en cuanto a texto si no a composición de viñetas y planteamientos estéticos.
Ya pasó en 2007 con su anterior obra como autor completo: Spiderman, Reino.  Una historia “elseworld” que no era más que un remedo del Dark Knight travestido en aventura crepuscular del trepamuros. Y Marvel, en esta explosión de series de diverso pelaje, le vuelve a dar una oportunidad con Danny Rand para que caiga en los mismos errores, los mismos tics y las mismas manías.
El Puño de Hierro ha tenido a John Byrne o al ya mencionado David Ajá entre sus dibujantes y sus historias están repletas de exhibiciones de kung fu; su propia esencia es la lucha, el enfrentamiento entre contrincantes y la aventura .Dibujante personal y de estilo reconocible, Kaare Andrews epata con las portadas y la plasticidad de sus  escenas de lucha.  En principio es un autor ideal para una serie sobre artes marciales.  Ahí, esta nueva etapa cumple visitando enclaves como la Ciudad Milenaria de K´un Lun y sus poderosos guerreros o los típicos duelos entre maestro y discípulo. Pero donde brillaba la serie de Fraction y su espíritu de serial de los años veinte, deslucen los números de Andrews.  Donde se expandía la mitología de El Puño de Hierro, aquí se achica el enfoque hasta  convertir la serie en un born again de Danny Rand en el peor sentido.
Caída y Resurgimiento.  Tópica y típica. Un nuevo enemigo surge del pasado y destroza a nuestro héroe y lo despoja de su principal poder. A partir de ahí, lo de siempre. Entrenamiento y lucha final. Pim, pam, pum. Nada más. Pero sin ritmo, sin interés, sin fondo, sin alma. Danny Rand no es ese Murdock con el que empatizas; no hay personajes que calen… Y definitivamente no hay un villano que dé enjundia a la historia. El émulo de Miller se pierde en referencias, en las primeras capas de hielo de un iceberg inimitable y se recrea en el impacto visual.
El apartado gráfico es tan resultón como abigarrado. Saltamos de viñetas meritorias al caos. De ejercicios técnicos a la confusión. No hay limpieza, no hay uniformidad. Pasamos de lo notable a lo extraño pensando en todo momento que Andrews se toma Sus historia como un panel de pruebas, un ejercicio de experimentación o simplemente un homenaje hacia Frank Miller.
Una lástima. Una obra recomendable para fans del personaje o del autor. Una lectura tibia y sin originalidad. Olvidable pero con algunas secuencias e ideas sueltas que son sugerentes. Incapaz de aguantar la comparación con obras anteriores que con menos hicieron mucho más.