2015-03-30

Interestellar




Reconozco que los primeros minutos de esta peli los dediqué a imaginarme Interestella dirigida por Michael Bay. Sí. No pude evitarlo. Puro Blockbuster con Whalberg, una hija buenorra, Steve Buscemi como doctor loco y un transforme latino en lugar del robot marine de la cinta de Nolan.

Sí. Soy así.

Pasado el ataque me metí entre pecho y espalda este viaje por el tiempo y el espacio que es Interestellar. Signo de que Nolan es un director al que no le tose nadie en ninguna de las facetas de la producción de cualquiera de sus proyectos. 

Interestellar tiene una premisa tan sencilla que se cuenta sola. Salvar la tierra a costa de perder todo lo amado. El bien común contra el bien individual. Y el espacio como escenario. El espacio y el tiempo retorcidos como una última frontera donde la humanidad no puede ser más minúscula. Una epopeya donde la pura voluntad se abre camino. La voluntad y el amor. Pero vamos por partes.

La tierra se muere porque sencillamente la comida se acaba. ¿Qué quedan, dos generaciones más? ¿La agonía y la impotencia? En esta tierra cercana y criadero de granjeros, donde la ciencia ha sido apartada por inútil, vive Cooper. Un granjero que antes había sido piloto. A partir de ahí, el DESTINO, le embarca en un viaje. Como ya he dicho, hay que salvar la tierra.

Casi tres horas de despliegue técnico y un humanismo que pocas veces he visto narrado en cine de esta forma. El Universo se traga a los personajes y sólo tienen una meta imposible y el afán por ver una vez más a sus seres queridos, o salvar un mundo que se aleja en el tiempo para ellos. Si quitas las brutales escenas de acción y la parafernalia técnica abrumadora, nos queda un relato de amor. De sentimientos bien interpretados, de comportamientos humanos en lo bueno y en lo malo. Un canto a la raza humana y su superación.

El amor lo mueve todo. Incluso es capaz de convertirse en un deus ex machina que funciona solo porque el personaje principal se lo cree y nosotros con él.  Ese es el punto fuerte de la peli. Lo que te coge de las pelotas y te sienta en el sillón tres horas.

Ahora. Después de bajarme los pantalones con la película, de arrodillarme ante el mejor Nolan, creador de blockbusters que no lo son, te paras a pensar y la cosa se enfría.

Me pasó con la tercera de Batman. Se disfruta a tope pero no te pares a pensar, no cuestiones, no analices más allá de las sensaciones proporcionadas. Pero me chirrían cosas. La increíble sobreexposición de conceptos cuando Nolan no necesita más que imágenes para desarrollarte una idea. No. Aquí todos los científicos hablan entre ellos para hablarle al espectador. Explicaciones, explicaciones, explicaciones que rellenan minutos. O un Michael Caine que lastra la película con más explicaciones, sin ser motor de nada. 

Sobra la trama del doctor Mann: un conflicto más, una pelea, una explosión...

Y Zimmer. Más Zimmer que nunca. Menos Zimmer que últimamente. Ambiental, sin apabullar, un acompañamiento increíble que da tono a un todo que sin ser redondo ofrece un cine que yo quiero ver más a menudo.

2015-03-21

Secuelitis




Dicen que el mono no baila si no le dan plátanos. Es un aforismo que se aplica en todos los negocios y profesiones. Y en la Literatura. Escribes una novela, la editan, se publica, se vende, se vende bien, se vende bien de cojones, es un pelotazo... Pues lo normal es que al cabo del tiempo esa historia se amplíe a través de secuelas, precuelas, expansiones... Es una ley a la que se acogen las editoriales.

El caso es hacerlo cuando hay garantías de éxito, de ventas, de business... Mucha gente me pregunta (sí mucha, de verdad) sobre una continuación de Laguna Negra. Son lectores de la novela, la han comprado, la han leído y piden más. Y eso es un orgullo para un escritorzuelo como yo. "¿Pero la tienes planeada ya?" o "¿Qué dice la editorial?". Yo sonrío, doy las gracias y les digo que no tengo nada preparado. MENTIRA. No sé los demás, pero yo siempre maquino historias que van más allá de las impresas, no como un proyecto en firme sino como y "qué pasó con" mis personajes. Y sí, con Laguna Negra y El Hombre Spam lo he pensado.

Pero no he escrito ni una letra.

Prefiero saltar como un mono con el culo escocido de una rama a otra. Saltar de género, de historias, dejar aparcadas las continuaciones e cantar otras canciones. Acabo de terminar una historia hard boiled y ahora estoy con una movida post apocalíptica. ¿Mañana? Ni idea.

No entiendo a esos autores que se embarcan en trilogías, series y volúmenes sin contar siquiera con la garantía de una publicación en firme. A menos que se haga por verdadero amor al arte. Entonces me callo.

Si Laguna Negra hubiera agotado ya la tercera tirada os hablaría de la secuela de la novela con total seguridad. Mientras, el tiempo lo dirá.

2015-03-19

El hombre que nunca sacrificaba gallinas viejas





"Marquitos Laguna se ha retirado del oficio. Ahora prefiere cuidar su huerto y recoger los huevos de sus gallinas. Antes, en otra época, Marquitos era un justiciero parco en palabras, un matador criptozoológico en la abundante isla de Simetría, un muro de dos metros de hostias enfundado en el guante de un hombre en traje negro. Pero ya no, sus noches más oscuras quedaron atrás. 
O al menos eso creía hasta hace unas horas. Porque hace nada, las gallinas viejas, esas que nunca sacrifica sabe Dios por qué, han comenzado a revolotear de aquí para allá, dejándolo todo lleno de plumas. La tierra de ese huerto que ahora se dedica a cuidar, ha empezado a retemblar. La carne putrefacta de toda una vida en negro se afana por abrirse paso a base de dentelladas y uñas rotas. Y Marquitos, un muro de dos metros de amor venido a menos, se teme lo peor: 
Que regresen sus noches más oscuras. Que se le atragante el olor de una Magnolia. 
O que haya llegado la hora de volver a sacrificar."


Aquí estoy, una noche como otra cualquiera, en un inpass entre una cosa y otra, con tiempo para leer, para enriquecerme, para respirar letras y buscar algo que remueva ese pedacito de cerebro que quiere encontrar aire fresco. Y recuerdo que hace unos días terminé con "El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas", premio Nocte y obra a la que exigía mucho.

En esta novela, lo reconozco, buscaba un estilo, una manera de contar las cosas más que una historia en sí. Novelas de psicópatas, de asuntos sórdidos, de desalmadas, las hay a patadas. Es casi un género en sí. La historia de Marquitos, la historia de Simetría... Quería, exigía, buscaba algo más.

Realismo sucio, dicen de esta novela. La mejor novela de terror del año. Comparaciones, críticas, virtudes... Las aventuras de Marcos Laguna han tenido un impacto más que merecido en este mundillo de Crom. ¿Qué me he encontrado con la lectura? Justamente lo que estaba buscando. Forma sobre fondo. Estilo y palabras calculadas, dispuestas con mimo, sin caer en ejercicios de barroquismo barato; construcción sobre improvisación. Ha sido como enfrentarse a un boxeador de poco fondo pero gran pegada. Darío Vilas no ha necesitado doce rounds para noquear. Le han bastado doscientas páginas para retratar un entorno y una psique a ritmo de rock descarnado, de voz seca y miradas turbias. 

Marquitos es un monstruo y nosotros testigos de sus monstruosidades y sus causas. La empatía está de más, y las migajas de su trasfondo se dan con cicatería. Todo encaja y los hilos sueltos de su viaje de Magnolias azules los termina de componer el lector tras cerrar las páginas del libro.

Lectura de poso negro, de pensamiento, de sentencias subrayadas con boli, de envidia y de paseo voyeur por un cosmos cercano y sucio como es Simetría. Un lugar que existe como existen esos callejones de tu ciudad donde sabes que puede pasar de todo. 

Tiempo presente, flashbacks que asaltan, juegos de espejos e imágenes distorsionadas. "El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas" es una lectura exigente y que va más allá del relato pulp y gore que algunos han sabido ver. ¿Terror? Definitivamente. Pero no de susto fácil e impacto cinematográfico. Es terror del que se cuela a través de las letras, del que se queda flotando en la imaginación al pasar la página. Ese terror que no es de vampiros ni de muertos vivientes, ni de monstruos de la Laguna Negra. Marquitos Luna da miedo porque existe con otro nombre y otro aspecto físico. Y Darío Vilas ha sabido fotografiarlo.

2015-03-16

Jugando en casa




Esta vez jugué en casa y bien acompañado. El pasado viernes 13, Javier Martos, un excepcional escritor que presentaba su antología Una hamburguesa para cenar y yo estuvimos en el FNAC de Sevilla charlando sobre nuestras obras bajo la sombra de un speaker increíble: Adrián Castro.




Llenazo bestial, no se cabía, como esos estadios cuyo símil futbolístico lo asemeja a polvorines y demás imaginería bélica. La caña, vamos. Amigos, familiares, desconocidos, conocidos, lectores ocasionales, gente que sigue directamente a la propia Tyrannosaurus Books, curiosos de viernes tarde, jóvenes que leían las sinopsis con una sonrisa en los labios...

Cerca de una hora estuvimos comentando nuestros libros, atendiendo a las preguntas de los lectores. Incluso nos dio para repasar el panorama literario actual, la moda de géneros y todo con el interés por divertir a los que se habían tomado la molestia en pasarse por allí.




Y firmas. Ejemplares, dedicados y esa cosa tan necesaria que es que se vendan tus obras. Sí, hay que mercadear, vender el producto, hacerlo interesante, que el lector lo vea, lo palpe, lo huela. Y creo que se consiguió. Laguna Negra, El Hombre Spam y Una hamburguesa para cenar están en más manos, en más mesitas de noche. 

Una tarde digna de recordar; una tarde, por qué no, digna de presumirse. Y otras vendrán. Seguro.