2016-11-23

Daredevil: seriedad de grano grueso.


Después de varios años me decido a ver la ficción televisiva Daredevil. Prestigio y parabienes del público en un formato ofrecido por Netflix. Temporadas de pocos capítulos y con un enfoque que se aleja del expandex y las tramas de papel cuché de sus primos de CW.

Daredevil es la gran esperanza blanca de los Superhéroes de la tele. Aquí hay interés por esa cosa llamada guión y desarrollo de personajes; hay presunción de seriedad y entretenimiento "adulto": héroes en mallas pero atormentados.

Matt Murdock le roba el uniforme de faena a Dexter y se pasa la primera temporada entre palizones y danzas de MMA. Los villanos, con un Final Boss de enjundia, son malos de una pieza, se merecen los puños de nuestro abogado ciego. La ira del católico con sed de sangre se desarrolla en trece capítulos amenos en un tiempo donde tenemos que gozar con cliffhangers cadadoez minutos. Todo bien, todo en su sitio. La fotografía es la que obra la magia en todo este potaje. Grano grueso que evita la limpieza digital y los aires de plató. Los bares parecen bares y la gente tiene granos, suda y sangra. Aires setentero que la acercan al cine negro y a ese culmen Milleriano tan amado por el fan.

Agredecida representación del diablo de la cocina del infierno. Se han molestado en darnos algo más, ese plus literario que tanto rédito sacan personajes como Wilson Fisk y su corte de malignos secuaces.

Dignidad televisiva. Yo compro

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